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15 junho 2012

Günter Grass - A desonra da Europa (Europas Schande)

Motivo para Antígone


Um Canto à Grécia
* Tradução: Frederico Füllgraf

À beira do caos, porque não conforme com o mercado,
Já não és  o país de berço do teu legado.

O que buscado com a alma, como achado te valia,
Agora pois é depreciado, com valor do entulho mal reputado.

Como devedor exposto nu ao pelourinho, padece um país
A quem dever tributos, era o discurso dos brancos colarinhos.

País à pobreza condenado, cuja riqueza
De modo cultivado os museus decora: o botim por ti vigiado.

Os que a terra por ilhas abençoada 
assaltaram pela violência boçal
Com suas suásticas traziam Hölderlin no bornal.

Mal aturado país, cujos coronéis outrora por ti
Como parceiros da aliança foram consentidos.

Terra sem lei, a quem o sabe-tudo, o Poder,
Aperta teu cinto, a torcer e torcer.

Apesar de ti, Antígone se veste de preto, e país afora
o povo, cujo hóspede foste tu, traja luto e chora.

Já fora do país, tudo o que reluz como o ouro
O séquito de Creso acoitou em baús do teu tesouro.

Bebe, afogate de uma vez! - berra a claque dos comissários,
Mas cheio até a borda, Sócrates devolve-te o cálice, 
encolerizado.


Amaldiçoar o que te é próprio os deuses irão
De cujo Olimpo tua vontade pede a desapropriação.

Fenecerás de espírito, da terra destituída
Por cuja alma tu, Europa, foste concebida.

Europas Schande
Ein Gedicht von Günter Grass
Dem Chaos nah, weil dem Markt nicht gerecht,
bist fern Du dem Land, das die Wiege Dir lieh.
Was mit der Seele gesucht, gefunden Dir galt,
wird abgetan nun, unter Schrottwert taxiert.
Als Schuldner nackt an den Pranger gestellt, leidet ein Land,
dem Dank zu schulden Dir Redensart war.
Zur Armut verurteiltes Land, dessen Reichtum
gepflegt Museen schmückt: von Dir gehütete Beute.
Die mit der Waffen Gewalt das inselgesegnete Land
heimgesucht, trugen zur Uniform Hölderlin im Tornister.
Kaum noch geduldetes Land, dessen Obristen von Dir
einst als Bündnispartner geduldet wurden.
Rechtloses Land, dem der Rechthaber Macht
den Gürtel enger und enger schnallt.
Dir trotzend trägt Antigone Schwarz und landesweit
kleidet Trauer das Volk, dessen Gast Du gewesen.
Außer Landes jedoch hat dem Krösus verwandtes Gefolge
alles, was gülden glänzt gehortet in Deinen Tresoren.
Sauf endlich, sauf! schreien der Kommissare Claqueure,
doch zornig gibt Sokrates Dir den Becher randvoll zurück.
Verfluchen im Chor, was eigen Dir ist, werden die Götter,
deren Olymp zu enteignen Dein Wille verlangt.
Geistlos verkümmern wirst Du ohne das Land,
dessen Geist Dich, Europa, erdachte.

11 abril 2012

El contraataque de Grass: Israel reacciona como una dictadura




El escritor alemán y premio Nobel de Literatura (1999), Günter Grass, fustigó la decisión de Israel de declararlo persona non grata por su poema Lo que hay que decir, donde afirma que el Estado Sionista y su arsenal amenaza la paz mundial.

"Se me prohíbe por tercera vez el territorio de un país", señaló Grass al recordar que ya le ocurrió en la Alemania comunista del Este y Birmania en 1986.

Explicó que en ambos casos "fueron aplicadas las prácticas habituales en las dictaduras. Y ahora es el ministro de Interior (Elie Yishai) de una democracia, del Estado de Israel, el que me castiga con una prohibición de territorio".

Grass agregó que "la manera como se justifica Israel me recuerda el veredicto de Mielke", exjefe de la Stasi, policía política de Alemania del Este.

El pasado domingo, el ministro Elie Yishai declaró en un comunicado a Günter Grass "persona non grata en Israel".

Según el titular de la cartera de Interior, el poema de Günter "es una tentativa de atizar las llamas del odio contra el Estado de Israel y contra el pueblo israelí".

El poema del Nobel de Literatura fue publicado la semana pasada y en el escrito, Grass pide a la comunidad internacional que no le permita a Israel lanzar ataques militares contra Irán.

Aseguró que "si Israel ataca instalaciones atómicas de Irán, supuestamente con las llamadas bombas normales, convencionales, podría desencadenar la Tercera Guerra Mundial”.

En el poema, que fue censurado en su país, Grass también condenó la venta de armas por parte de Alemania a Israel.

"Podríamos ser cómplices de un crimen que es previsible”, afirmó y agregó que "el pasado nazi de Alemania y el Holocausto no son excusa para guardar silencio sobre la capacidad nuclear de Israel".

Grass, quien ganó el Premio Nobel de Literatura en 1999 por novelas como El tambor de hojalata, en la que hace una crónica de los horrores en la Alemania del siglo XX, aclaró que el texto debe tomarse como una crítica al Gobierno israelí, no al país en su conjunto. Incluso aseguró sentir “gran simpatía” por Israel.

El Gobierno israelí ha amenazado con atacar Irán con o sin permiso de Estados Unidos porque supuestamente la República Islámica representa una "amenaza" nuclear. Sin embargo, Teherán ha sostenido que su programa sólo tiene propósitos pacíficos y civiles de generación de energía y medicinal.

Pese a las críticas contra Irán, tanto Israel como Estados Unidos han estado involucrados con el uso y desarrollo de armas nucleares.

Israel posee un número no declarado de ojivas nucleares y, a diferencia de Teherán, no ha firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear.

Por su parte, Estados Unidos ha desarrollado armas nucleares y ha hecho uso de estás contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, a finales de la Segunda Guerra Mundial, así como se ha negado a firmar algún protocolo de desarme.

teleSUR-AFP/kg - FC

08 abril 2012

José María Ridao - Poema de un alemán


A polêmica desencadeada por Günter Grass

Günter Grass no ha escrito un poema, sino que ha disfrazado de poema un artículo sobre el programa nuclear iraní. Como poema, Lo que hay que decir no aporta gran cosa a la obra del premio Nobel. Como artículo disfrazado de poema, marca un punto de inflexión en su mirada hacia la realidad internacional. Hasta ahora, el país que perpetró contra los judíos uno de los crímenes más monstruosos de la historia ha evitado cualquier protagonismo en el conflicto de Oriente Próximo, limitándose a respaldar a Israel como forma de expiar el pasado. La posibilidad de que Israel lance un ataque contra Irán y el hecho de que Alemania le haya entregado un submarino capaz de hacerlo llevan a que Grass se interrogue, rodeándose de cautelas, si esa forma de expiar el pasado no podría engendrar nuevas culpas.

La primera cautela de la que se rodea Grass es la elección del género literario para exponer sus argumentos, en los que toma distancia de Israel como alemán que llegó a militar en las SS ya próximo el final de la guerra, según relató en Pelando la cebolla. Al desarrollar sus argumentos como poema y no como artículo, Grass intenta situarlos en el terreno acotado de la creación, invitando implícitamente a compartir una emoción antes que a polemizar con unas opiniones. El premio Nobel se declara, además, “envejecido” y confiesa escribir el poema con “su última tinta”, un recordatorio apenas velado de que se encuentra en el último tramo de su vida. Lo que hay que decir lo dice mediante un género literario y desde una circunstancia personal que anticipa una posible censura, y ahí la segunda cautela. “Antisemitismo”, escribe Grass, “se llama la condena”.

Aunque rodeado de cautelas, lo que Grass está poniendo en cuestión en su poema son los fundamentos de la política alemana y, por extensión, occidental, hacia Oriente Próximo. Alemania, viene a decir Grass, ha entendido que asumir la culpa por el Holocausto le exigía guardar silencio ante cualquier política de Israel. Pero asumir esa culpa y la inquebrantable disposición a seguir asumiéndola estaría favoreciendo que Israel —“ese otro país” que, escribe Grass, se ha prohibido a sí mismo nombrar— mantenga un arsenal nuclear sobre el que no se habla y amenace con un ataque al “pueblo iraní, subyugado y conducido al júbilo organizado por un fanfarrón”. La descripción de Irán recuerda en algún punto la de la Alemania nazi, en la que los alemanes, como podría suceder a los iraníes de perpetrarse el ataque, “solo acabamos”, escribe Grass, “como notas a pie de página”.

La última cautela de la que se rodea Grass es la de que “hay que decir lo que mañana podría ser demasiado tarde”, colocando sus argumentos bajo el signo de la perentoriedad. Pero no solo porque, según se desprende del poema, se podría sacrificar a los iraníes en razón de una “sospecha”, la de que, en su país, se persigue “la fabricación de una bomba atómica”; también “hay que decirlo” porque, de mantenerse Alemania en silencio, y de colaborar con la entrega de un submarino, los alemanes, ya “suficientemente incriminados”, según Grass, “podríamos ser cómplices de un crimen que es previsible”, incurriendo en una nueva culpa vinculada a la antigua, y que “no podría extinguirse con ninguna de las excusas habituales”.

Después de invitar a compartir una emoción y no a polemizar con unas opiniones, Grass apunta una salida. Solo sometiendo a inspección simultánea el arsenal nuclear israelí y el programa que desarrolla Irán cabría esperar que se conjurasen los negros presagios. Para decir esto, un alemán como Grass no podía escribir un artículo, sino que tenía que disfrazarlo de poema. No aportará gran cosa a la obra literaria del premio Nobel, pero supone un punto de inflexión en su mirada hacia la realidad internacional. Hablando desde el estigma, Grass confía en abrir un espacio para que otros lo hagan en libertad.

* José María Ridao é diplomata espanhol e colunista de El País, Madrid.

07 abril 2012

Günter Grass - O que tem que ser dito

Prêmio Nobel de Literatura, Günter Grass
Foto: divulgação



O que tem que ser dito
Günter Grass

Por que guardo silêncio, faz tempo demais me calo,
sobre o que é manifesto e se ensaiava
com simulacros de guerra à qual sobreviveremos,
quando muito, como reles notas de rodapé.

Falo do suposto direito ao ataque preventivo:
este que poderia exterminar o povo iraniano,
subjugado e conduzido à exultação conchavada
por um fanfarrão
porque em sua jurisdição se suspeita
da fabricação de uma bomba atômica.

Mas por que, diabos, furto-me em citar o nome
daquele outro país no qual
 — apesar de mantido em segredo—
há muito cresce um potencial nuclear,
mas fora de controle, já que
é inacessível a toda inspeção?
A supressão generalizada desse fato
ao qual se submeteu meu próprio silêncio,
eu a sinto como mentira opressiva
e coação que ameaça castigar
quem não a respeite;
cá entre nós, o veredicto do “antissemitismo” é assaz popular.

Agora, porém, porque meu país,
a cada tanto chamado para dar satisfações
de crimes imputados
e que não tinham precedentes,
volta e meia renovadas com leviano sotaque comercial, ainda que
qualificadas de reparação,
entregará a Israel outro submarino cuja especialidade
é direcionar ogivas aniquiladoras
a alvo onde não se provou
a existência de uma bomba sequer,
e ainda que se pretenda aportar como prova o reles temor...
Digo o que tem que ser dito.

Por que, contudo, me calei até agora?
Porque acreditava que minha origem,
marcada por um estigma inapagável,
me proibia atribuir este fato, como evidente,
ao país Israel, ao qual me sinto unido
e desejo continuar estando.

Por que só o digo agora,
envelhecido e com derradeiras tintas:
- Israel, potência nuclear, põe em perigo
uma paz mundial já quebradiça?
Digo porque tem que ser dito 
o que dito amanhã poderia ser tarde demais,
e porque —suficientemente incriminados como alemães—
poderíamos ser cúmplices de um crime
que é imprevisível, e vai daí que nossa parcela de culpa
não se poderia apagar
com nenhuma das escusas recorrentes.

E cá entre nós: rompo meu silêncio
porque estou farto
da hipocrisia do Ocidente; cabe esperar ademais
que muitos outros se libertem do silêncio, exijam
ao causador desse perigo que salta à vista
que renuncie ao uso da força e insistam também
em que os governos de ambos países permitam
o controle permanente e sem travas
do potencial nuclear israelita
e das instalações nucleares iranianas
por uma autoridade internacional.

Somente assim poderemos ajudar a todos, israelitas e palestinos,
mais ainda, a todos os seres humanos que naquela região
ocupada pela demência
vivem, cotovelo contra cotovelo, em inimizade 
odiando-se mutuamente,
e finalmente também ajudar-nos a nós mesmos.
Tradução: Frederico Füllgraf, a partir do original alemão, publicado no Süddeutsche Zeitung, 04/04/2012

Was gesagt werden muss
Warum schweige ich, verschweige zu lange,
was offensichtlich ist und in Planspielen
geübt wurde, an deren Ende als Überlebende
wir allenfalls Fußnoten sind.


Es ist das behauptete Recht auf den Erstschlag,
der das von einem Maulhelden unterjochte
und zum organisierten Jubel gelenkte
iranische Volk auslöschen könnte,
weil in dessen Machtbereich der Bau
einer Atombombe vermutet wird.


Doch warum untersage ich mir,
jenes andere Land beim Namen zu nennen,
in dem seit Jahren - wenn auch geheimgehalten -
ein wachsend nukleares Potential verfügbar
aber außer Kontrolle, weil keiner Prüfung
zugänglich ist?


Das allgemeine Verschweigen dieses Tatbestandes,
dem sich mein Schweigen untergeordnet hat,
empfinde ich als belastende Lüge
und Zwang, der Strafe in Aussicht stellt,
sobald er mißachtet wird;
das Verdikt "Antisemitismus" ist geläufig.


Jetzt aber, weil aus meinem Land,
das von ureigenen Verbrechen,
die ohne Vergleich sind,
Mal um Mal eingeholt und zur Rede gestellt wird,
wiederum und rein geschäftsmäßig, wenn auch
mit flinker Lippe als Wiedergutmachung deklariert,
ein weiteres U-Boot nach Israel
geliefert werden soll, dessen Spezialität
darin besteht, allesvernichtende Sprengköpfe
dorthin lenken zu können, wo die Existenz
einer einzigen Atombombe unbewiesen ist,
doch als Befürchtung von Beweiskraft sein will,
sage ich, was gesagt werden muß.


Warum aber sch
wieg ich bislang?
Weil ich meinte, meine Herkunft,
die von nie zu tilgendem Makel behaftet ist,
verbiete, diese Tatsache als ausgesprochene Wahrheit
dem Land Israel, dem ich verbunden bin
und bleiben will, zuzumuten.


Warum sage ich jetzt erst,
gealtert und mit letzter Tinte:
Die Atommacht Israel gefährdet
den ohnehin brüchigen Weltfrieden?
Weil gesagt werden muß,
was schon morgen zu spät sein könnte;
auch weil wir - als Deutsche belastet genug -
Zulieferer eines Verbrechens werden könnten,
das voraussehbar ist, weshalb unsere Mitschuld
durch keine der üblichen Ausreden
zu tilgen wäre.


Und zugegeben: ich schweige nicht mehr,
weil ich der Heuchelei des Westens
überdrüssig bin; zudem ist zu hoffen,
es mögen sich viele vom Schweigen befreien,
den Verursacher der erkennbaren Gefahr
zum Verzicht auf Gewalt auffordern und
gleichfalls darauf bestehen,
daß eine unbehinderte und permanente Kontrolle
des israelischen atomaren Potentials
und der iranischen Atomanlagen
durch eine internationale Instanz
von den Regierungen beider Länder zugelassen wird.


Nur so ist allen, den Israelis und Palästinensern,
mehr noch, allen Menschen, die in dieser
vom Wahn okkupierten Region
dicht bei dicht verfeindet leben
und letztlich auch uns zu helfen.