18 janeiro 2014

Eduardo Galeano - Juan

Foto: divulgação


Hace poquitos días, hablando del gordo soriano y del negro fontanarrosa, dije, o más bien comprobé:

–A veces, la muerte miente.

Y ahora, lo repito: miente la muerte cuando dice que juan gelman ya no está.

El sigue vivo en todos los que lo quisimos, en todos los que lo leímos, en todos los que en su voz hemos escuchado nuestros más profundos adentros.

Nunca encontraremos palabras que expresen nuestra gratitud al hombre que fue muchos, al que fue nosotros y nosotros seguirá siendo en las palabras que nos dejó.

Publicação original: Pagina12, Buenos Aires, 15/1/2013.

Juan Gelman - “Se ha instalado todo un sistema para recortarnos el espíritu”




Juan Gelman em uma de suas últimas entrevistas


Juan Gelman (Buenos Aires, 1930) la poesía se la inoculó la música de unos versos que no entendía, los de Pushkin, que recitaba en ruso su hermano mayor. Con nueve años, compuso sus primeros poemas para seducir a Ana, una chica de su barrio, un amor imposible porque ella tenía 11. Fracasó en la conquista, pero siguió escribiendo y 15 años después se dio cuenta de que quería ser poeta. Su madre, emigrante ucrania, recibió el anuncio con la inquietud de quien desea la prosperidad para sus hijos. “Nunca vas a ganar dinero con eso”, le dijo. Pero a la vez sonrió porque, junto a la noticia, su hijo traía en la mano su primer libro impreso.
La profecía de su madre se cumplió a medias. “Los derechos de autor no dan para vivir pero la dotación de algunos premios me ha ayudado”, cuenta el poeta argentino desde el apacible salón de su casa en la capital mexicana. Gelman ha ganado entre otros el Juan Rulfo, el Neruda, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Cervantes. Escribe una columna semanal en el diario argentino Página 12. Lee, pasea, ve los noticieros y sigue en la distancia al Atlanta, el equipo de su barrio, gran rival del Chacarita, que aspira a subir a la Primera División, y que cuenta con su "estímulo permanente".
La vida del poeta quedó marcada por la desaparición de su hijo y de su nuera embarazada durante la dictadura militar, por la búsqueda de su nieta robada al nacer, y por el rencuentro con ella 23 años después. Gelman ha dicho muchas veces que el dolor de perder a un hijo no acaba nunca. Pero no escribe desde el odio, “que nos hace daño”, sino desde la pérdida. Y esa pérdida está también en el génesis de su último libro, Hoy, que será publicado próximamente tras reposar en el horno unos meses.
Gelman se muestra cálido con el fotógrafo y el periodista. Toma café, pero les ofrece un tequila aunque son las once de la mañana. Habla muy bajito, como si no diera importancia a lo que dice. Y apostilla con sorna algunos de sus comentarios. ¿Se puede escribir poesía sin tener sentido del humor? No lo sabe, pero todos los poetas que conoce, lo tienen.
Pregunta. ¿Y por qué ha titulado Hoy su nuevo libro?
Respuesta. Pensé que usted me lo diría... (sonríe). No, simplemente me pareció que ese era el tema. Son 290 o 300 textos breves, muy condensados, para no molestar al lector. En prosa poética, o poesía en prosa, como prefiera. Lo del reposo… sirve para librarse de la calentura en el momento de escribir. Pero apenas los cambio. Cuando el poema se escribió, se murió. Con los arreglitos, y hablo de mi caso, me siento traicionando el mejor momento de la creación, que es de la escritura. Aunque uno escriba disparates.
P. ¿Y desde qué sentimiento lo escribió?
R. Mire, le voy a contar algo que está en el origen del libro. Entre los culpables del asesinato de mi hijo había un general que fue condenado a prisión perpetua. Cuando dictaron la sentencia algunos jóvenes que ni siquiera habían vivido la dictadura saltaban de alegría. Pero yo no sentí nada. Ni odio, ni alegría ni nada. Y me pregunté por qué y eso me llevó a escribir, para explicarme qué había pasado, aunque, como todos los libros, empezó de una manera y siguió por otra. Quité los textos iniciales, porque eran testimoniales y eso es periodismo. Pero surgió el tono poético necesario para escribir un resumen de lo que sé, o creo que sé, de los 35 años que pasaron desde la muerte de mi hijo.
P. A usted no le gusta el término “poesía comprometida”, aunque es una persona que en su vida se ha comprometido políticamente. ¿Se puede separar al autor de su ideología política?
R. El lugar que la ideología ocupa en la subjetividad de un escritor me parece pequeño, según los casos, claro. Y la relación entre la escritura y el pensamiento político tienen canales muy oscuros. Ezra Pound hizo propaganda para Mussolini pero también compuso un poema sobre la usura que ningún marxista-leninista-maoísta-fidelista hará jamás. Balzac era monárquico, pero los personajes más simpáticos de sus novelas eran republicanos. ¿Alguien conoce la ideología de Shakespeare? ¿Se sabe si era comunista o fascista?
P. Y eso explica que usted pueda admirar por ejemplo la obra de Borges, que fue cuando menos tolerante con la dictadura militar que tanto daño le hizo…
R. A mí la obra de Borges me parece extraordinaria, aunque no me gusta tanto su poesía como su prosa. De chico yo le defendía de mis compañeros comunistas que lo acusaban de “amigo de los terratenientes” y cosas así. La política no le interesaba, no estaba en eso. Se dejó condecorar por Pinochet, dijo que con Franco todo era mejor… Pero hay una cosa que apenas se sabe. A principios de los 80 firmó una solicitud de las Madres de Plaza de Mayo pidiendo la aparición con vida de los desaparecidos. Y cuando al final de su vida le preguntaron en la BBC por su apoyo a la dictadura, se le empozaron sus ojos ciegos y explicó que no había estado muy informado y que había vivido rodeado de cierto ambiente. “Ignorancia, como decía Samuel Johnson”, dijo. No hay nada que digerir de las ideas de Borges. Solo hay que comprender.
P. Decía precisamente Borges de uno de sus personajes: “Le tocaron, como a todos los hombres, malos tiempos que vivir”. Usted ha sufrido guerras, dictaduras, exilios, grandes tragedias en su propia familia… pero considera que los tiempos actuales son particularmente terribles…
R. Sí, este momento me atemoriza mucho. No solo por la crisis económica, sino la crisis espiritual, y no me refiero a la religión. Pareciera que se ha instalado todo un sistema para recortarnos el espíritu, para convertirnos en tierra fértil de autoritarismos. Y hay una especie de acostumbramiento, que es lo peor que le puede pasar al ser humano: al terrorismo, al genocidio por hambre, a la falta de educación para todo el mundo.
P. ¿Y cómo ve la situación en su país, Argentina?
R. Yo apoyo al Gobierno actual, es el mejor en varias décadas. No quiere hacer la revolución socialista, sino volver al capitalismo clásico, basado en la producción y no en la especulación. Pero hay muchos intereses en contra, como los dueños de la tierra. No hay que minimizar las protestas de la oposición, pero lo curioso es que esa reacción no propone nada. Y sería muy bueno que propusiera algo, para cambiar lo que está mal hecho.
P. Han elegido Papa a un compatriota suyo. En un artículo periodístico publicado recientemente usted mostró sus reservas sobre el cardenal Bergoglio.
R. Sí, tengo mis dudas. Y cuento una experiencia personal: hablé con él cuando buscaba a mi hijo y me dijo que no podía hacer nada. Pero ante la justicia declaró otra cosa, que había hecho gestiones sin éxito. No me consta si las hizo o no. Pero dejó a la intemperie a varios jesuitas cuando era provincial.
P. Pero desde su puesto ¿Podría este Papa cambiar algo de este mundo actual que usted ve tan terrible?
R. Podría cambiar algo, sí. Wojtyla cambió las cosas en Polonia. Pero hay muchos problemas en el Vaticano mismo, intereses muy poderosos y no precisamente creyentes, salvo en el dinero. Por eso me parece muy difícil que arregle nada, aunque ponga la mejor voluntad.
P. Y movimientos como el de los indignados en España o el Yosoy132 mexicano… ¿Pueden ellos modificar las cosas?
R. Me parece bien que la juventud se mueva. Pero por poca experiencia que tenga el observador se veía que eso se iba a desvanecer. Por falta de experiencia política, de objetivos claros. Es difícil luchar desde el llano. Antes la política dirigía a la Economía pero ahora es al revés. Me reía para mis adentros viendo a los jefes de Gobierno de Europa reunidos con la directora del FMI, el del Banco Mundial y el del BCE. Estos dictando políticas y los otros, aceptando.
P. Entonces ¿No tiene esperanzas?
R. No. Por ahora no. Tengo la confianza lastimada. Algo cambiará pero yo ya no lo voy a ver.
P. ¿Aunque viva cien años?
R. No creo que llegue a los cien años. Y eso que soy un pretencioso, cuando alguien me da la mano para bajarme de la camioneta le digo que no estoy tan viejo. No desdeño la vida, quiero ver casarse a mis nietos, ver si me dan algún bisnieto… Pero también creo que Dios, si existe, debe estar aburridísimo de su eternidad.
Ilustrações: divulgação

Publicação original: El País (Madrid) 28 ABR 2013 - Entrevista:  

17 janeiro 2014

Juan Gelman - Buenos Aires, 3/5/1930 - Ciudad de México, 14/1/2014





  • Epitafio


  • Un pájaro vivía en mí.
    Una flor viajaba en mi sangre.
    Mi corazón era un violín. 

    Quise o no quise. Pero a veces
    me quisieron. También a mí
    me alegraban: la primavera,
    las manos juntas, lo feliz. 

    ¡Digo que el hombre debe serlo! 

    (Aquí yace un pájaro.
    Una flor.
    Un violín.) 



  • Fotos: divulgação






  • 12 janeiro 2014

    Frederico Füllgraf - Patagônia, viagem ao começo e ao fim de mundo

     
    (fotos: divulgação)

    Crônica de viagem



    A Patagônia é um mito, foi e será território alimentador de mitos. Para mim, até o dia da minha primeira incursão, foi sempre território imaginário, tão distante, misterioso e intangivel como o Grande Deserto da Austrália ou a Ferrovia Transsiberiana, com alguma aura mal afamada de Velho Oeste, isto é: natureza em estado bruto, terra de ninguém, terra sem lei, arrancada aos povos autóctones ao custo de desmedida truculência. E com uma história escrita pelos vencedores. Há muito tempo eu sentia uma espécie de "chamamento", e à medida que fui me internando no território que o espelha, o das narrativas, entendi que esse "chamamento" impulsionou todos os que baixaram a estas terras inóspitas. Como diz Guillermo Saccomano, ensaista argentino (Narrar al sur) exploradores espanhóis e holandeses, naturalistas ingleseses e franceses, religiosos italianos, colonos galeses, estrategas argentinos e milionários norte-americanos parecem ter coincidido, ao longo de quase cinco séculos, de que ali está o que buscavam: um lugar estratégico, a chave para desvendar uma charada científica, um recurso natural e uma beleza extasiante que vão se extinguindo no resto do planeta, uma "cidade encantada", na qual abunda o ouro, e também certa noção da "eternidade", que já não espanta mais ninguém.


    Embora os 700 mil km2 da Patagônia oriental (argentina) atualmente não abriguem mais de 1,0 milhão de moradores, seu território-país já é citado por Antonio Pigafetta, escrivão-de-bordo de Fernão de Magalhães, durante a circunavegação do estreito homônimo, menos de trinta anos após a “descoberta” do Brasil. E o apressado Pigafetta é o (ir)responsável por grande parte da mistificação etnográfica e paisagística que definirá a historiografia deste mundo finis terre, já que o nome Patagônia remonta à etimologia “patagones” (= pés grandes), que o cronista italiano concedeu aos primeiros índios avistados. Melhor: imaginados pelos espanhóis, porque das grandes pegadas, marcadas na areia de algumas praias, os navegadores teceram logo associações com o tamanho dos pés, e outros membros de seus titulares.

    Quando, porém, o primeiro índio Tehuelche subiu a bordo de uma das caravelas, desatando os nós do grande pedaço de couro de camelídeo que usava para proteger-se do frio, o estrago já estava feito, digo, Caliban já estava incorrigivelmente descaracterizado e batizado. Daí, à crença de que neste fim de mundo as árvores nasciam com as raízes para o céu, e os rios corriam cordilheira acima, foi um passo no imaginário quinhentista - motivo pelo qual nos mapas renscentistas o mundo ao sul do Equador figurava de ponta-cabeça, e o Papa relutava em aceitar a humanidade de seus habitantes bárbaros - vai ver, tinham as vergonhas fora do lugar!




    E começa a viagem
    Naturalmente, de qualquer parte do planeta pode-se alcançar distintos pontos da Patagônia de avião, mas neste caso ela se se esconde. não se revela. Eu fiz a viagem de carro, a partir de Buenos Aires, descendo a costa atlântica, e retornando pela Cordilheira dos Andes. 

    Geógrafos e geólogos brigaram durante um século inteiro, até definirem o mapa da atual Patagônia, compartilhada pela Argentina e pelo Chile. Do ponto de vista físico, ela compreende, na Argentina, o imenso território (800 mil km2) ao sul dos Rios Limay e Colorado, estabelecendo uma fronteira ecossistêmica com a pampa ao norte, e em sentido oposto derramando-se até a Terra do Fogo e o Canal de Beagle, no sul. Em sentido leste-oeste, a Patagônia Argentina, ou Oriental esparrama-se desde o Oceano Atlântico (com 1.770 km de costa) até a Cordilheira dos Andes (com 1.920 km de cadeias montanhosas), sobre o território das províncias de Neuquén, Rio Negro, Chubut, Santa Cruz e Terra do Fogo & Antártida. Em território chileno, a Patagônia estende-se desde o Lago El Laja, ao norte, até o Estreito de Magalhães, no extremo sul. Politicamente, dois terços encontram-se em território argentino e aprox. um terço em território chileno.


    Nas pistas de Darwin, Tschifelly e Chatwin


    Aimé Tschiffelly

    Meu primeiro olhar sobre a Patagônia foi guiado por um estrangeiro, o escocês Bruce Chatwin. Depois de ler sua crônica "In Patagonia" – espécie de narrativa “cubista”, como pretendia seu autor, mas aceita com muitas reservas na Argentina - a viagem para o subcontinente fantástico era apenas uma questão de tempo. Apesar da abordagem "novelesca" e deformadora do observado por Chatwin, emocionou-me seu despojamento, determinado a percorrer inóspito a bordo de desconfortáveis trens, ônibus, ou como carona de caminhoneiros, em meados da década dos 70.

    Nesta primeira incursão, me fez companhia uma namorada brasileira, e iniciamos nosso roteiro a bordo de um atrevido fordinho Fiesta (o jeep 4x4 que havíamos encomendado por fax, já havia sido alugado), baixando a costa atlântica pela Ruta Nacional (RN3), que desde Buenos Aires cruza 700 km do pampa até Bahia Blanca. E aqui, sem sabê-lo ainda, nos internamos no território de um viajante mais antigo: a rota costeira descrita em "Sur" (www.amazon.com/This-Way-Southward-Patagonia-Equestrian/dp/1590480147), do suíço Aimée Félix Tschiffely. 

    Professor de matemática em escolas britânicas na Argentina da década dos anos 20, e viajante obsessivo, Tschiffely quebrara o recorde mundial com uma cavalgada com duração de três anos, de Buenos Aires até o centro de Manhattan, em Nova York. De volta daquela odisseia, já em 1936 decidiu embrenhar-se em sentido oposto, rumo à Patagônia.



    Contudo, a "monotonia estranhamente maravilhosa" do pampa de Tschiffely estava fora de lugar. Os românticos boliches (botequins) foram substituídos pelos Cafés ou lojas de conveniência 24 horas, arranjados e decorados segundo o figurino globalizado, mas permanecera o hábito dos nativos de comer uma parillada, o churrasco argentino, que à beira da RN3 é servido ao lado de quase todos os postos de gasolina, como em Azul. Aqui, debruçado sobre o mapa rodoviário, cujo labirinto tentávamos decifrar, fomos invadidos pela doce indiscrição de um nativo e sua família que, preocupados em apontar-nos o caminho correto, enterrariam para sempre o preconceito brasileiro do "argentino descortês".


    O aprendizado das cores


    Até a Sierra de la Ventana, tudo parece encaixar ou perder-se harmonicamente no imenso tapete verde, até que numa curva inopinada surge do nada um grande "remendo" amarelo de girassóis translúcidos, dando as costas ao poente - Van Gogh que nos perdoe, mas os girassóis do pampa são mais luminosos que os da Holanda! Principalmente quando projetados contra a abóbada celeste, de matiz azul diáfano, com suas bizarras formações de nuvens comprimidas ou rasgadas pelo vento, que já sopra forte. Gaviões e falcões são freqüentes companheiros de estrada, voando em círculos elegantes até - pasme-se! - serem caçados por bandos de valentes andorinhas. Bahia Blanca, ruidoso centro provinciano de 500 mil habitantes, no extremo sudoeste da província de Buenos Aires, mantém abertas as feridas de uma Argentina outrora pujante. Seu mais alto índice de desemprego do país, e a miséria em sua periferia escondem gloriosos tempos que não voltam mais. No decadente, mas charmoso salão do Hotel Muñiz, ainda é possível respirar lufadas imaginárias das glamurosas décadas de 30 e 40, quando este era o ponto de animadas tertúlias de ricos estancieiros e exportadores de lã e frutas; as “manzanas de Rio Negro” de nossas infâncias.

    De Bahia Blanca a Viedma são outros 300 km, com a travessia da província de Buenos Aires para a de Rio Negro, e o cruzamento da desembocadura do Rio Colorado; a fronteira molhada do norte da Patagônia. 

    Aqui o viajante tem duas opções: seguir pela RN 3, cortando caminho até San Antonio Oeste, no Golfo de San Matias, ou tomar a Ruta Provincial (RP) 1, acompanhando o Rio Negro até sua desembocadura no Atlântico, em El Pesadero. Foi o que fizemos. Distante 65 km de Viedma, alcança-se a lobería (reserva de leões ou lobos marinhos) Punta Bermeja, onde termina o asfalto da RP 1, devendo-se percorrer aprox. 180 km de estrada de rípio (cascalho e muito pó) para chegar-se ao trevo rodoviário de San Antonio Oeste, com o reingresso na RN 3.

    E no meio do caminho, lá estava a deslumbrante Bahia Creek, paisagem escarpada com praias desertas de areia negra, vulcânica. Refúgio que incita ao recolhimento contemplativo, Bahia Creek é a iniciação do viajante no aprendizado das cores da Patagônia, cujos espectro e matizes não existem sob o céu tropical. A magia do pôr-do-sol insistia em deixar marcas para o resto da vida. Ela, a namorada, tirou a roupa, desnudando-se; sua pele beijada pela maresia gelada, e pintada com as cores de um arco-íris austral. Percorridos à noite e sem a devida atenção ao nível do combustível, os 180 km restantes da RP 1, podem transformar-se em pesadelo, pois até San Antonio Oeste não há postos de gasolina, nem mesmo viv'alma que possa prestar auxílio. 

    A única atração desta pacata cidadezinha de 11 mil habitantes é a Praia de Las Grutas, que por sua localização no saco do Golfo San Matias, tem as águas oceânicas mais quentes e transparentes da Argentina, próprias para o mergulho. A curiosidade histórica é que em seu apogeu San Antonio Oeste foi o entroncamento da Rede Ferroviária Federal Argentina (Km Zero: Plaza Constitución, Buenos Aires) com a Ferrovia da Patagônia, iniciada aqui em 1908, e concluída em San Carlos de Bariloche em 1934, tornando-se o principal porto de exportação da cobiçada lã dos rebanhos ovinos da Argentina.


    El Desierto

    O ingresso na Estepe Arbustiva Patagonica, popularmente conhecida por el desierto, é um vislumbre de eternidade. Contudo, quando a viu em 1832, Charles Darwin disse: “terra maldita!”. Muito depois admitiu seu arrebatamento. Já Guillermo H. Hudson, argentino de origem também inglesa, visita a Patagônia em 1860. Em seu livro, "Días de ocio en la Patagonia", tenta fazer Darwin entender "que viajantes do deserto descobrem em si mesmos uma calma primordial (familiar ao mais simples dos selvagens), que talvez seja o mesmo que a Paz de Deus..."


    Partindo de San Antonio Oeste rumo a Puerto Madryn, 250Km ao sul, é esta a paisagem majestosa, misteriosa e sobretudo digna, que acompanha o contorno do Golfo San Matias. 

    É o fim da tonalidade verde. Em seu lugar, desdobra-se um infindável tapete incendiado de manchas, nas tonalidades amarela, mostarda, salmão, ocre, bordô e sépia, refletidas por plantas de nomes exóticos como molinum spinosum, xerófilos, poa , festuca e stipa. São as únicas espécies vegetais capazes de oferecer resistência às brutais intempéries da estepe; o sol inclemente, as nevascas do longo inverno, as rajadas do vento incessante.


    A "península grávida"


    A 20 Km de Puerto Madryn está o acesso à Península Valdés, santuário da fauna marinha, único no mundo. Valdés é uma experiência inesquecível, que rompeu as fronteiras da Argentina e ganhou continentes. As baleais Franca Austral (12-16m), os elefantes marinhos (machos: até 4.0 t de peso), os leões marinhos de um e dois pelos, e os pinguins magalhânicos adotaram-na como refúgio de reprodução, acasalando, parindo, alimentando suas crias, e transformando Valdés na "península sempre grávida". 

    O ponto de concentração dos elefantes marinhos é a praia alcantilada de Caleta Valdés Sur. Antes das alterações climáticas em curso, manadas de elefantes marinhos dirigiam-se para Valdés em outubro, agora já se pode vê-los em setembro, ou até mesmo em agosto. Seu comportamento no mar é freqüentemente monitorado por uma fundação argentina conveniada com a ONU. Exímios nadadores e mergulhadores (submergem até 800m de profundidade e têm fôlego para 40 minutos), os elefantes marinhos de Valdés constituem a única colônia da espécie no mundo, cuja população está aumentando.

    Visitei a península pela primeira vez em outubro de 1996, em missão de pré-produção de um filme documentário para a TV Suíça. Seu tema era a observação científica do comportamento destes textuais paquidermes, que além dos leões marinhos constituem um dos pratos prediletos das baleais Orca. Espetáculo raro, porque de duração alucinantemente rápida, e já transformado em atração turística de forte apelo voyeurista, pode-se testemunhar aqui o ataque das Orcas aos filhotes dos elefantes. Mas comparado à matança, a pauladas, de 250 mil a 300 mil lobos marinhos pelos caçadores ingleses no sul da Argentina, entre 1910 e 1960, o ataque de uma Orca pode ser definido como exemplo cruelmente ecológico de desenvolvimento auto-sustentado das espécies. Em Puerto Pirámide, na entrada da península, floresce um segmento turístico comercial para a observação de baleias. Vendida ao visitante como "turismo ecológico", a observação ou "avistagem" ameaça reverter-se no seu oposto anti-ecológico, por constituir-se em assédio estressante para os animais.


    Biombos na praia


    A chegada a Puerto Madryn (45 mil hab.) mexe com os emoções. A tintura aveludada do seu mar azul e dos alcantilados de pátina beje-amarelada não têm registro em nossa memória espectral, e nos deixa psicologicamente desarmados; experiência que se repetirá no contato com os grandes lagos da Cordilheira dos Andes. 

    Madryn foi onde começou a colonização galesa, em 1865, graças à qual a Argentina ganhou territórios na Cordilheira dos Andes, até então virtualmente dominada pelo Chile.

    Localizada no Golfo Novo, ao sul da Península Valdés, a pequenina cidade costeira é formada por enseadas com formosas praias de areia negra (mas águas de temperaturas polares!), e tem excelente estrutura hoteleira. Uma curiosidade que incita às gargalhadas, mas capaz de rapidamente adaptar brasileiros aos costumes nativos, são os biombos armados na praia pelos veranistas argentinos, para proteger-se do vento, que sopra sem parar, levando de roldão guarda-sóis, cadeiras de praia, chapéus e o próprio veranista... 

    Em 1997, a secretária de turismo de Madryn comprara uma briga feia com o governo federal, ao denunciar publicamente o polêmico plano do presidente contraventor, Carlos Menem, de instalar um depósito internacional de lixo nuclear, fortemente radiativo, em Gastre, no interior da província. Celebrizado por suas “relações carnais” com os EUA, Menem pretendia granjear a simpatia do primeiro mundo, ao receber dele, o que suas populações rejeitavam. Mas a população da Patagônia solenemente repeliu o lixo dos outros, e resistiu com sucesso contra o conluio.

    A despedida de Madryn, de sua gente, seu mar e suas cores, é um aperto no coração, que na Patagônia não tem tempo de preparar-se para emoções em cascata. 

    A próxima chamar-se-á Gaiman, distante 110km de Madryn. Por indicação dos índios Tehuelches, o lugar (4.000 hab.) foi fundado em 1865 pelos primeiros colonos galeses, no vale do Rio Chubut, por constituir-se no único manancial de água; recurso hoje cada vez mais escasso na região. Relaxar no final de uma tarde, acompanhado do chá galês, guarnecido de uma infinidade de pães e tortas caseiros, como a mundialmente famosa e imperdível Torta Galesa, numa casa de chá como "Plads & Coeds", é combustível apropriado para uma emocionante viagem à ré no tempo, e comprometer o tempo e a continuidade da própria viagem, rumo ao sul; principalmente se a dona da casa, como dueña Marta, for descendente das linhagens fundadoras dos Lewis, Edwards ou Jones.


    Os galeses de Friedrich Engels



    Algum mestre taoista disse certa vez, que o sentido de qualquer viagem é o próprio caminho, e na expectativa da experiência romântica, frequentemente nesta trilha o caminhante se depara com uma matéria-prima da História: a tragédia. 

    É o caso de Gaiman e das outras colônias galesas na Patagônia. Coube a Guillermo Saccomano lembrar-se de um clássico da Economia Política, que no séc. XIX descrevia o trabalho semi-escravo na minas inglesas de carvão, ferro, chumbo e estanho, que consumiram as vidas de milhares de homens, mulheres e crianças. Aos sete anos de idade, os meninos já penetravam nos túneis, e entre os trinta e cinco e quarenta, suas vidas desvaneciam. Morriam de doenças respiratórias, atrofias musculares, e acidentes. O horário excedia as doze horas por turno, nas profundezas de uma passagem estreita e úmida, transportando nas costas os metais extraídos das galerias. Quando os garotos chegavam em casa, anota o célebre cronista, se atiravam no chão de pedra, junto à chaminé, e desfaleciam em sono profundo. Não tinham forças nem para levar a comida à boca. Seus pais banhavam-nos enquanto dormiam, e dormindo arrastavam-nos para a cama. Febris, esgotados, quando tinham o domingo de folga, permaneciam deitados. Eram poucos os que freqüentavam igrejas e escolas. As meninas sofriam dupla opressão, enquanto trabalhadoras e porque eram mulheres, escorraçadas do trabalho depois de darem à luz a uma criança...

    O cronista chamava-se Friedrich Engels – amigo, mentor e co-autor de Karl Marx -, e sua crônica é a tristemente famosa pesquisa intitulada "A situação da classe operária na Inglaterra", publicada em 1845 - narrativa tão fria quanto arrepiante, cujos protagonistas eram estes galeses. “É demasiado tarde para uma solução pacífica”, diagnosticava Engels. Contudo, ao invés da rebelião violenta, os galeses deram as costas à exploração brutal, à perseguição religiosa e à mutilação cultural, como a proibição de sua língua, o Gaélico celta, dos mais antigos do mundo. Optando pelo exílio, aportaram na costa da Patagônia em 1865, em busca da terra prometida.

    Paradigma de amizade entre colonos europeus e índios americanos


    Mal se instalavam na Patagônia, e testemunharam, pasmos, a perseguição dos nativos pelo exército argentino. E aqui talvez ocorra a única experiência de convívio pacífico e até mesmo afetivo, entre brancose índios, em toda a América; crônica na qual índios salvaram a vida de galeses e, inversamente, galeses protegeram os índios das matanças. 

    Acima: Exército do Gal. Julio Roca na Patagônia, 1865
    Inferior: Cacique Casimiro e chefes Tehuelches em Buenos Aires, 1865.

    Emociona-se dueña Marta, contagiando seus ouvintes, quando pesca no pó do deserto de Chubut, o espectro de Sayhueque, elégico chefe Tehuelche, que costumava levar seus antepassados galeses para a caça ao guanaco e ao ñandú, ensinando-lhes a técnica milenar da boladera

    Enquanto fala, o vento assovia em bemol, parecendo recompor a trilha da Campaña del Desierto - eufemismo do holocausto indígena, de 1879, comandado pelo General Julio Roca. Explica o Guia Turístico YPF (a ex- Petrobrás argentina): "Dá-se este nome à ofensiva militar... que rompeu o nervo da sociedade indígena, pampeana-patagonica, e o correlacionado desfecho violento de um ciclo histórico...". Leio num jornal argentino, que a população de Bariloche exigia a derrubada do monumento de Roca, cujo bronze está definitivamente maculado por grafites acusatórios e indeléveis: "Roca, el carrasco de la Patagonia!".

    O próprio Tschiffely admite que se sentira envergonhado de ser europeu, ao referir-se às façanhas truculentas de seus anfitriões, originários das ilhas britânicas, no sul da Patagônia. De Chubut à Terra do Fogo, a maioria das fazendas patagônias foi amealhada por uma “troca” perversa: “uma légua de terras por cada orelha de índio!" (Gen. Roca). Nem tão nobres farmers ingleses e irlandeses trucidaram índios, amarrando-os sobre blocos de gelo, flutuando nos rios da cordilheira, praticando tiro ao alvo em suas cabeças. Outros, mais sutis, convidavam os nativos ingênuos para um churrasco de ovelha; regado à estricnina. A nação Tehuelche foi extinta, obliterada da paisagem: os homens sobreviventes, integrados ao exército branco, as mulheres tornadas doméstidas semi-escravas, e os filhos, separados dos pais.



    Poema industrial

    De volta à RN3, o segmento Trelew - Comodoro Rivadavia exige cuidado especial com o nível de combustível, pois só existem postos de gasolina a cada 150km. Com sorte, cruza-se com algum carro ou caminhão a cada meia hora. Punta Tombo, a maior reserva natural de pingüins do Hemisfério Sul, encontra-se no final da estrada de rípio que conduz à costa, e pode ser imperceptível. Quem a pedeu, deverá intercalar uma pausa no posto de gasolina de Camarones, e seu bar, atendido por alguns descendentes de índios Mapuche, que batizei de "Patagonia Café" - desértico, sujo, esculhambado, mas comoventemente acolhedor como o "Bagdad Café", no filme de Percy Adlon.

    Estranhas aves mecânicas - bombas extratoras de petróleo, chamadas de "cegonhas" - sinalizam ao viajante sua aproximação de Comodoro Rivadavia (150 mil hab.). Em 1997, aqui o litro de gasolina custava apenas ¼ do preço de Buenos Aires, e a medida fora adotada há muitos anos pelo governo argentino para estimular o aumento demográfico da Patagônia. Projetado contra o sol poente, o sobe-e-desce e o grasnar metálico das "cegonhas" silhuetadas, compõem um fascinante poema industrial sobre o deserto amarelo e a seiva negra que corre em suas veias.

    Comodoro Rivadavia é a grande encruzilhada do viandante motorizado, e a última oportunidade de tomar uma decisão sábia. Para quem tem pressa, seguir os 700km pela RN3 até Rio Gallegos, e de lá até a Ilha da Terra do Fogo (mias 900km), pode significar a perda de vários dias preciosos de viagem, através de uma paisagem monótona, com estrada perigosamente retilínea. As opções são tomar a RP 148, asfaltada, que cruza Chubut em direção a Esquel e Bariloche, nos Andes, ou seguir de carro pela RN3 até Rio Gallegos, e de lá - nova encruzilhada - aprumar na direção sul, para a Terra do Fogo; ou, finalmente, no sentido sudoeste, para o Lago Argentino e o Glaciar Perito Moreno.

    Decidimos tomar o avião para Rio Gallegos, e de lá seguimos de ônibus para El Calafate, às margens do deslumbrante Lago Argentino, onde fizemos nossa primeira aproximação com a Cordilheira dos Andes. 


    Com seus 3 mil residentes fixos, El Calafate é o portal de acesso ao Parque Nacional dos Glaciares, cujas 47 geleiras se entrelaçam com florestas selvagens, lagos, montanhas e rios caudalosos. Sua principal atração turística é a Geleira Perito Moreno, localizada a aprox. 80 km do centro da cidade. Diversas empresas de El Calafate transportam turistas até o parque, mas perde-se muito tempo a bordo dos ônibus, ganhando-se agilidade ao alugar um carro, uma motocicleta ou até mesmo um cavalo. 

    O encontro com a geleira Perito Moreno, desparramando-se dos picos andinos sobre o Lago Argentino, proporciona sensações próximas da vivência mística. Aqui se aprende que em épocas remotas os lagos gigantescos foram geleiras que retrocederam sob o impacto de antigas alterações climáticas. As geleiras atuais são, portanto, modestos cartões de visita do Período Quaternário. Espetáculo ímpar: a cada 48 ou 72 horas, a comporta de gelo do Perito Moreno estacionada no meio do lago, rompe-se sob a pressão exercida pela água na parede principal, de 60m de altura e 4,5 km de largura, e desaba... E agora as geleiras andinas retrocedem sob os impactos do efeito-estufa; desta vez de origem indiscutivelmente antropogênica.

    Creio falar também pela ex-namorada, que uma das experiências mais memoráveis dessa viagem foi nossa caminhada sobre a areia negra das margens do Lago Argentino; distantes dos ruidosos treckings e outros anglicismos da moda. Cercado por aves raras e oníricas - cauquenes, patos selvagens, cisnes do pescoço negro e flamingos - tem-se aqui um dos encontros mais desafiadores com as intempéries patagônicas. As rajadas de vento que sopram dos Andes, aqui chegam a atingir mais de 100km horários e a produzir dor de ouvidos; de frio, em pleno verão. Mas a recompensa não tardará, pois Júlio Gutierrez, do "Rick's Café", em El Calafate - que guardava um cartaz original de Casablanca , e que adorava posar para uma foto com seu chapéu à la Humphrey Bogart - prontamente servirá um submarino ou um vinho de boa cepa, acompanhado de jamón crudo.