09 outubro 2014

Frederico Füllgraf - Brasil: Elecciones y lecciones


Foto: divulgação


El último día 05 de octubre, 142 millones de electores brasileños – nueve veces la población de Chile – fueron a las urnas para elegir su nuevo presidente, en verdad su nueva presidenta, ya que desde el início de agosto, las encuestas estaban polarizadas por dos mujeres: la candidata a la reeleccón, Dilma Rousseff (PT-Partido de los Trabajadores), y su contrincante, Marina Silva (de Red por la Sustentabilidad y PS-Partido Socialista). En un tercer lugar, evaluado como seguro perdedor de la disputa, figuraba el ex-senador y gobernador por el Estado de Minas Gerais, Aécio Neves.

Desagradables sorpresas: PT debilitado, Congreso fragmentado

Al cabo de una campaña durísima, Brasil se acostó la noche del domingo, 5 de octubre, con algunas sorpresas: Marina Silva, ya celebrada por los medios de comunicación y las bolsas de valores brasileños y globales como “la potencial futura presidenta de Brasil”, había sido superada por Aécio Neves y estaba definitivamente fuera del partido. Neves, que patinaba entre 17% y 19% de las intenciones de voto, virtualmente logró doblar su votación (con 33,5%) y Dilma Rousseff, a la que a menos de 24 horas del escrutíneo los institutos de encuestas atribuían “47%”, con posibilidades de vencer la elección en primera vuelta, se había congelado en una zona ligeramente por en cima de los 40%, ganando la primera vuelta con 41,3% y así condenada a una segunda vuelta que se realizará el 26 de octubre.

Pero en Brasil se elegían también diputados para las Asambleas Legislativas provinciales y diputados y senadores para el Congreso bicameral. Revisado el 100% de las urnas, entonces fue posible contabilizar el tamaño del desastre. Primero, el encogimiento del PT: como la más grande bancada del Congreso, con 88 diputados, el partido gobernista se vió reducido a no más que 70 congresistas, sin embargo salvando su bancada en el Senado, en donde continuará con 14 parlamentarios. Segundo, la fragmentación todavía más intensa del Congreso – en donde desde 2010 actuaban 22 partidos políticos -, a los que se suman 6 nuevas agremiaciones. La tercera sorpresa fueron los 1,6 millones de votos alcanzados por Luciana Genro, hija del gobernador Tarso Genro (PT) de Rio Grande do Sul y candidata a la presidencia del PSOL-Partido Socialismo & Libertad. Fundado en 2004 como una de las disidencias del PT, en diez años el PSOL avanzó de forma sostenida, conquistando las alcaldías en dos grandes municípios, 7 asientos en la Asamblea Legislativa de Rio de Janeiro y 3 mandatos en el Congreso Nacional. En las manifestaciones multitudinarias del junio 2013, el PSOL fue, de inicio, la única fuerza de izquierda que intentó darle un rumbo progresista a las reinvidicaciones, pero tambiém radicalizando las protestas, por lo que fue acusado de aliarse a la derecha en contra del gobierno Dilma Rousseff.

¿Terminaron las sorpresas?
¡No!

Si logra su reelección, con el nuevo Congreso en Brasília comienzan los problemas de Dilma Roussef: a los 70 diputados de la llamada “bancada evangélica” - integrada por pastores de sectas pentecostales, ultra-conservadoras, como la Asamblea de Diós, de Marina Silva – se sumaron 20 parlamentários más de nuevos grupos mesiánicos y reacios al progreso civilizatorio.

La Cámara de Diputados, con sus 513 asientos, se tiñó más conservadora todavía, con plataformas ultra-derechistas, envolucrando temas especialmente polémicos como la descriminalización del aborto y los derechos de homoafectivos. Son fuerzas creacionistas, machistas y pseudo-moralistas, que desean derrocar la penalización de la homofobía como crímen. Pero están también partidos como el “Republicano”, que logró acceder al Congreso con pautas radicales en seguridad pública, cobrando la nulidad del estatuto del desarme (que prohibe la posesión privada de armas, salvo autorización especial) y de la mayoridad penal. Uno de sus más destacados representantes es el exradialista y diputado Celso Russomano, reelecto con 1,5 millón de votos, pero envolucrado en una serie de ilícitos investigados por el Ministério Público. En Rio de Janeiro, Jair Bolsonaro - excapitán del ejército, vocero del discurso fascista “law & order” y diputado por el derechista PP-Partido Popular - alcanzó 430.000 votos, y junto con Russomano y los diputados Marco Feliciano y Levy Fidelix representa las fuerzas más retrógradas de la política en ámbito latinoamericano.

Con 304 (de 513) asientos en la Cámara y 52 (de 81) asientos en el Senado, si se confirma su victoria, Dilma Rousseff seguirá gobernando con mayoría simple, pero serán más complejos los trámites para proyectos progresistas.

El escupitajo de los incluídos y la encrucijada del neo-desarrollismo

Pero al final de cuentas, ¿quienes eligieron a este teatro de horrores del escenario brasileño?

Antes de contestar la pregunta, se debe anticipar que en cierta medida actualmente Brasil se divide en dos grandes bloques antagónicos: un bloque mayoritario de centro-izquierda y gobernista, y el bloque ligeramente minoritario, cuya consigna es “fora PT!” - “¡que se vaya el PT!”.

El mapa geográfico de las elecciones es elocuente: el Sur del país, integrado por apenas 4 de un total de 26 Estados (províncias), pero que produce el 49,6% - es decir: la mitad – del PIB brasileño (del que apenas São Paulo responde por el 33,1%!), concentra el mayor electorado conservador del país. Fue alli, en su propia cuna, en donde el PT sufrió su más notable derrota.

Pero es más: lado a lado con las clases alta y media del país, que se miran en el espejo de sus antepasados, emigrantes europeos, y su posición social aventajada, quienes en gran parte favorecieron la avanzada electoral del conservadorismo fueron también los 32 millones de la decantada “nueva clase media”, beneficiada por las políticas de inclusión social en los 12 años de gobernación PTista. Su voto “anti-PT” fue un verdadero escupitajo en el plato que se les ofreció.

He la lección quizá la más amarga: con la más elevada inversión en gastos sociales de todos los tiempos, que sacaron de la pobreza a 2 Chiles en 12 años (!), se puede decir que electoralmente “la creatura se insurgió contra su creador”.

Pero, parafraseando el dicho bíblico, según el cual “no solo de pan vive la creatura”, también comienza a percibirse el agotamiento del modelo neo-desarrollista iniciado por Luis Inácio Lula da Silva y continuado por Dilma Rouseff, que por supuesto constituye una obra monumental de inclusión en todo los ámbitos – alimentária, habitacional, laboral y educativa -, pero que fue incapaz de proporcionar la inclusión politica de este enorme segmento de la población. Al no ofrecerle legítimos canales de participación, se despolitizó a las masas egresadas de la pobreza y se debilitó la Democracia, como lo demuestra un Congreso fragmentado por una veintena de partidos-fantoches y centenares de parlamentarios envolucrados en ilícitos.– ¡Sí, yo escribí parlamentários y no “el gobierno”, como lo afirman los medios conservadores.

Turbulencias a la vista, pero también cambios para mejor

Apoyamos a Dilma porque ella representa la esperanza de igualdad”, escribió esta semana el eminente periodista Mino Carta en su editorial de la revista “Carta Capital”, uno de los pocos medios de comunicación simpáticos al gobierno.

En verdad, Dilma Rousseff es una suerte de pasionaria que tropieza en sus propios éxitos. Lo que logró alcanzar en 4 años no es poco y demasiado largo para citarlo todo en este espacio. Que su gobierno, el de Lula y el PT hayan sido apuntados como “corruptos”, es una canallada midiática orquestada, que esconde, selectivamente, la “privataría” (privatizaciones) de los gobiernos del PSDB de Aécio Neves, afundados en una marea de corrupción solo parcialmente investigada, pero jamás penalizada. Lula y Rousseff sufrieron la judicialización de la política con los abusos de la Corte Suprema y bloqueos de un Congreso cada vez más conservador, circunstancia que solamente una auténtica Reforma Política - con la drastica disminuición de los partidos políticos, la prohibición de la financiación privada de campañas electorales, la adopción de un riguroso programa de prevención y monitoreo de la corrupción – con la instituición de plataformas y foros de Democracia Participativa podrá cambiar para mejor. Y la propia presidenta aseguró que el camino para alcanzarse el nuevo rumbo es una Asamblea Constituyente.

Una victoria de Aécio Neves – después del colapso de la candidatura Marina Silva, el súbito candidato de los mercados – significará enormes pérdidas no solo para Brasil (con la restauración de una economía de corte neoliberal), sino para toda América Latina, el Hemisferio Sur y el Nuevo Bloque de Alianzas multi-continental, del que el BRICS es el primer paso hacia el abandono del dólar como moneda dominante y del actual mapa geopolítico unipolar.

Dilma Rousseff enfrentará una dura jornada hasta el proximo 26 de octubre, en la que su contrincante ya cuenta con el descarado apoyo del masivo aparato de los medios de comunicación privados. Pero hay una voz capaz de frenar la avanzada restauradora y garantizar un segundo gobierno Rousseff, más osado, participativo y democrático: la voz de Lula agitando a los comícios.

30 setembro 2014

Frederico Füllgraf - Elogio de Jorge Luis Borges - Susan Sontag


Fotos: divulgação


Todas as lições de um mestre
Tradução: Frederico Füllgraf


Nota: de sua casa, em Nova York, onde se recuperava de um acidente automobilístico, a falecida escritora e ensaísta norte-americana, Susan Sontag, não queria ficar ausente dos debates, da inquietação. Sua admiração e seu respeito por Jorge Luís Borges se traduzem neste texto espirituoso, escrito em homenagem ao já então finado escritor argentino sob forma de carta. Desde 2002, Sontag faz companhia a Borges na “Biblioteca Total Celeste”.

12 de junho de 1996

Querido Borges:

Dado que sempre contemplaram sua literatura sob o signo da eternidade, não parece demasiado estranho enviar-lhe uma carta (Borges, faz dez anos). Se alguma vez algum contemporâneo pareceu destinado à imortalidade literária, este era o senhor. O senhor era em grande medida o produto de seu tempo, de sua cultura e, no entanto, sabia como transcender seu tempo, sua cultura, de uma forma que resulta bastante mágica. Isto tinha algo a ver com a abertura e a generosidade, próprias de sua atenção. Era o menos egocêntrico, o mais transparente dos escritores... e também o  mais artístico. Também tinha algo a ver com uma pureza natural de espírito. Ainda que tenha vivido entre nós durante um tempo bastante prolongado, aperfeiçoou as práticas do fastio e da indiferença, que também o converteram num viajante-especialista mental em outras eras. Tinha um sentido do tempo diferente dos demais. As idéias comuns de passado, presente e futuro pareciam banais sob seu olhar. O senhor gostava de dizer que cada momento do tempo contém o passado e o futuro, citando (se bem me lembro) o poeta Browning, que escreveu algo assim como "o presente é o instante no qual o futuro se derruba no passado". Isso, sem dúvida, era expressão de sua modéstia: seu contentamento em encontrar suas idéias nas idéias de outros escritores.

Essa modéstia se inseria na segurança de sua presença. O senhor era um descobridor de novas alegrias. Um pessimismo tão profundo, tão sereno como o seu, não necessitava da indignação. Melhor fosse inventivo... e o senhor era, sobretudo, inventivo. A serenidade e a transcendência do ser que o senhor encontrou, são para mim exemplares. O senhor demonstrou de que maneira a infelicidade não precisa ser uma necessidade, ainda que a perspicácia e o esclarecimento não nos livrem do terror de tudo isso. Em algum momento o senhor disse que um escritor - acrescentando delicadamente: todas as pessoas - deve pensar que qualquer coisa que lhe suceda, será um recurso. 
(Estava falando da sua própria cegueira).

O senhor foi um grande recurso para outros escritores. Em 1982 – quer dizer, quatro anos antes de morrer (Borges, faz dez anos!) – eu disse numa entrevista: "Hoje não existe nenhum outro escritor vivente que importe mais a outros escritores que Borges. Muitos diriam que é o maior escritor vivente... São muito poucos escritores de hoje que dele não aprenderam ou o não o imitaram". E isso continua sendo assim.  Ainda continuamos aprendendo com o senhor. 
Ainda continuamos a imitá-lo. O senhor ofereceu às pessoas novas maneiras de imaginar, ao mesmo tempo que reiterava, aqui e acolá, nossa dívida com o passado, sobretudo com a  literatura. O senhor disse que devemos à literatura praticamente tudo o que somos e o que fomos. Se os livros desaparecerem, desaparecerão a história e também os seres humanos.Estou convencida de que tem razão. Os livros não são apenas a soma arbitrária de nossos sonhos e de nossa memória. Também nos fornecem o modelo da autotranscendência. Alguns pensam que a leitura é somente uma forma de escapismo: um escape do cotidiano "real" a um mundo imaginário, o mundo dos livros. Os livros são muito mais do que isso.

Lamento ter de dizer-lhe que a sorte do livro jamais esteve tão ameaçada por semelhante decadência. São cada vez mais os que alardeiam o grande projeto contemporâneo da destruição das condições que tornam a leitura capaz de repudiar o livro e seus efeitos. Imagine-se aconchegado na cama ou sentado num canto tranqüilo de uma biblioteca, folheando lentamente às páginas de um livro à luz de uma lâmpada,  e à queima-roupa lhe dizem que daqui para a frente é nos “livros-tela”  que deverá  descarregar qualquer "texto" a pedido, e que poderá mudar  sua aparência, formular perguntas, "interagir" com esse texto. Quando os livros se convertam em "textos", com os que "interagiremos" segundo os critérios de utilidade, a palavra escrita se terá convertido simplesmente em mais um aspecto de nossas realidades televisivas, regidas pela publicidade. Este é o glorioso futuro que se está criando – e que nos prometem - como algo mais "democrático". Obviamente o senhor e eu sabemos que isso não significa nada menos que a morte da introspecção... e do livro.

Esses tempos sequer exigem uma grande conflagração. Os bárbaros não têm que queimar os livros. O tigre está na biblioteca. Querido Borges, entenda, por favor, que não me dá prazer queixar-me. Mas: a quem melhor poderiam estar dirigidas estas queixas sobre o destino dos livros - da leitura em si – senão ao senhor? (Borges, faz dez anos!) Tudo o que quero dizer é que sentimos sua falta. Sinto saudades do senhor. O senhor continua fazendo a diferença. Estamos ingressando em uma era estranha, o século XXI. Porá à prova a alma de maneiras inusitadas. Contudo, lhe prometo: entre nós alguns não abandonarão a Grande Biblioteca. E o senhor seguirá sendo nosso exemplo e nosso herói.

25 setembro 2014

António Lobo Antunes: Os Pobrezinhos


Ilustração: Buster Dight


Crônica
Na minha família os animais domésticos não eram cães nem gatos nem pássaros; na minha família os animais domésticos eram pobres. Cada uma das minhas tias tinha o seu pobre, pessoal e intransmissível, que vinha a casa dos meus avós uma vez por semana buscar, com um sorriso agradecido, a ração de roupa e comida.
Os pobres, para além de serem obviamente pobres (de preferência descalços, para poderem ser calçados pelos donos; de preferência rotos, para poderem vestir camisas velhas que se salvavam, desse modo, de um destino natural de esfregões; de preferência doentes a fim de receberem uma embalagem de aspirina), deviam possuir outras características imprescindíveis: irem à missa, baptizarem os filhos, não andarem bêbedos, e sobretudo, manterem-se orgulhosamente fiéis a quem pertenciam. Parece que ainda estou a ver um homem de sumptuosos farrapos, parecido com o Tolstoi até na barba, responder, ofendido e soberbo, a uma prima distraída que insistia em oferecer-lhe uma camisola que nenhum de nós queria:
- Eu não sou o seu pobre; eu sou o pobre da minha Teresinha.
O plural de pobre não era «pobres». O plural de pobre era «esta gente». No Natal e na Páscoa as tias reuniam-se em bando, armadas de fatias de bolo-rei, saquinhos de amêndoas e outras delícias equivalentes, e deslocavam-se piedosamente ao sítio onde os seus animais domésticos habitavam, isto é, uma bairro de casas de madeira da periferia de Benfica, nas Pedralvas e junto à Estrada Militar, a fim de distribuírem, numa pompa de reis magos, peúgas de lã, cuecas, sandálias que não serviam a ninguém, pagelas de Nossa Senhora de Fátima e outras maravilhas de igual calibre. Os pobres surgiam das suas barracas, alvoraçados e gratos, e as minhas tias preveniam-me logo, enxotando-os com as costas da mão:
- Não se chegue muito que esta gente tem piolhos.
Nessas alturas, e só nessas alturas, era permitido oferecer aos pobres, presente sempre perigoso por correr o risco de ser gasto
(- Esta gente, coitada, não tem noção do dinheiro)
de forma de deletéria e irresponsável. O pobre da minha Carlota, por exemplo, foi proibido de entrar na casa dos meus avós porque, quando ela lhe meteu dez tostões na palma recomendando, maternal, preocupada com a saúde do seu animal doméstico
- Agora veja lá, não gaste tudo em vinho
o atrevido lhe respondeu, malcriadíssimo:
- Não, minha senhora, vou comprar um Alfa-Romeo
Os filhos dos pobres definiam-se por não irem à escola, serem magrinhos e morrerem muito. Ao perguntar as razões destas características insólitas foi-me dito com um encolher de ombros
- O que é que o menino quer, esta gente é assim
e eu entendi que ser pobre, mais do que um destino, era uma espécie de vocação, como ter jeito para jogar bridge ou para tocar piano.
Ao amor dos pobres presidiam duas criaturas do oratório da minha avó, uma em barro e outra em fotografia, que eram o padre Cruz e a Sãozinha, as quais dirigiam a caridade sob um crucifixo de mogno. O padre Cruz era um sujeito chupado, de batina, e a Sãozinha uma jovem cheia de medalhas, com um sorriso alcoviteiro de actriz de cinema das pastilhas elásticas, que me informaram ter oferecido exemplarmente a vida a Deus em troca da saúde dos pais. A actriz bateu a bota, o pai ficou óptimo e, a partir da altura em que revelaram este milagre, tremia de pânico que a minha mãe, espirrando, me ordenasse
- Ora ofereça lá a vida que estou farta de me assoar
e eu fosse direitinho para o cemitério a fim de ela não ter de beber chás de limão.
Na minha ideia o padre Cruz e a Saõzinha eram casados, tanto mais que num boletim que a minha família assinava, chamado «Almanaque da Sãozinha», se narravam, em comunhão de bens, os milagres de ambos que consistiam geralmente em curas de paralíticos e vigésimos premiados, milagres inacreditavelmente acompanhados de odores dulcíssimos a incenso.
Tanto pobre, tanta Sãozinha e tanto cheiro irritavam-me. E creio que foi por essa época que principiei a olhar, com afecto crescente, uma gravura poeirenta atirada para o sótão que mostrava uma jubilosa multidão de pobres em torno da guilhotina onde cortavam a cabeça aos reis".


Publicação original: 

02 setembro 2014

Frederico Füllgraf: A lista do “Schindler chileno”



Foto copyright: F. Füllgraf

No filme “A lista de Schindler”, há uma cena particularmente comovente, protagonizada pelo contador Itzhak Stern, que entrega a Oskar Schindler a lista datilografada e assinada por cada um dos 1.200 judeus salvos pelo empresário alemão, e diz, citando o Talmude dos rabinos:"Aquele que salva uma vida, salva o mundo inteiro”.

O empresário chileno, Jorge Schindler Etchegaray, salvou a vida de aproximadamente cem dirigentes da esquerda chilena após o golpe civil-militar de 11 de setembro de 1973, mas rejeita qualquer atributo de heroísmo.

Nomen est omen, rezava um adagio latino, pretextando que no nome de um indivíduo estava escrito seu destino. Alemão o primeiro, descendente de suíços o segundo, a coincidência das atitudes de Oskar e Julio Schindler parece sugerir que seu sobrenome seja portador de um misterioso DNA da solidariedade humana. Etimologicamente falando, Schindler vem do antropônimo medieval germânico,“schinteler”, que quer dizer “telhadeiro”. Pois, dar um teto foi exatamente o que fizeram Oskar e Julio, ao abrigarem seus protegidos: um, os judeus perseguidos pelo nazismo, o outro, os comunistas caçados pela ditadura Pinochet.

Na epopeia do chileno repete-se a lição ensinada pelo alemão: salvar seres humanos das garras de regimes totalitários requer criatividade e circunspecção. Junto com sua esposa Emilie, Oskar Schindler literalmente comprava judeus condenados ao extermínio, subornando comandante da SS, aos quais pretextava a necessidade de mão de obra escrava. Julio Schindler - um ex-executivo da Corfo-Corporación de Fomento de la Producción de Chile, no governo Salvador Allende, sumariamente defenestrado de seu cargo pela ditadura militar – empregou um simulacro ainda mais criativo. Homem com posses, poderia ter abandonado o Chile, rumo ao exílio, mas resolveu ficar e resistir, criando uma rede de farmácias para socorrer dirigentes do Partido Comunista, esfacelado pela repressão.


Com lançamentos em Santiago e Concepción – as maiores cidades do Chile, onde ainda funcionam duas das farmácias abertas há quarenta anos – o livro “La Lista del Schindler Chileno”, escrito pelo jornalista Manuel Salazar, narra a epopeia protagonizada entre 1974 e 1978, por aproximadamente cem homens e mulheres perseguidos pelos órgãos de repressão da ditadura chilena, que se reinventam como modestos empregados de drogaria, acima de qualquer suspeita, socorridos por Julio Schindler e seu amigo, o farmacêutico Ramiro Rios. De passagem pelas farmácias, dois militantes são sequestrados, até hoje desaparecidos, mas a rede de fachada não é descoberto pela DINA de Pinochet. Apesar disso, pressagiando que sua prisão eram dias contados, em 1979, Julio Schindler, hoje com 75 anos de idade, escapa com sua família para Frankfurt, na Alemanha, onde dirige a agência de viagens “Chile Touristik”.

Em breve contato telefônico com o Jornal GGN, na véspera do lançamento do livro em Concepción, Julio Schindler advertiu: “Era um projeto que virou uma rede de sobrevivência. Dando trabalho e uma fachada legal aos nossos companheiros, suas vidas foram salvas. Mas não foi obra de um homem só, aquilo foi um trabalho coletivo", esclarece o chileno, fiel às suas convicções ideológicas.

Quarenta anos de discrição

Julio Schindler sempre quis tornar pública a aventura, mas aguardou o momento oportuno para fazê-lo com a concordância do PC chileno, do qual se afastou há mais de trinta anos. Com o depoimento de Schindler como alavanca da narrativa, o jornalista Manuel Salazar saiu a campo, colhendo sessenta entrevistas com ex-protagonistas da epopeia, cuja maioria sobrevive até os dias de hoje. No início apenas fascinado por uma estória completamente desconhecida no Chile, durante as entrevistas Salazar sentiu a vibração e verdadeira dimensão do significado da clandestinidade coletiva.

As farmácias serviam de refúgio para dirigentes considerados calibre grosso pela ditadura. Uma delas, ainda existente em Santiago e localizada em Villa México na divisa das comunas de Cerrillos e Maipú, era atendida por Quintín Romero, ninguém menos que o policiial federal que permaneceu ao lado do presidente Salvador Allende até o instante de seu suicídio, no dia 11 de setembro de 1973. Como muitos outros militantes, depois Romero refugiou-se na farmácia porque logo após o golpe foi exonerado e não tinha como sobreviver.


A organização da vida na clandestinidade

A rigor, a rede de farmácias era apenas um dos “aparelhos” desenvolvidos pela direção do PC, empenhada na sobrevivência mínima de sua estrutura e militância na clandestinidade, tarefa na qual Julio Schindler teve papel de estrategista.

O veterinário Alsino García, por exemplo, tomou a inciativa de criar um centro de atendimento veterinário com seu colega César Martínez, gerente de Pfizer. Na verdade, a empresa servia de fachada para a ativação das células da frente camponesa do PC e se reportava à Comissão Nacional Agrária do partido.
Armando Gatica foi outro “farmacêutico” acolhido por Schindler durante a caçada da ditadura aos hospitais clandestinos mantidos pela resistência, que ilustram uma das cenas emblemáticas do documentário “Miguel Littín clandestino en Chile”, do cineasta chileno homônimo.

Como funcionário do Serviço Nacional de Saúde, Gatica tinha baixado e sobrevivido ao inferno em um dos centros de tortura da ditadura, localizado em La Serena, norte do país. Detido, foi conduzido vendado e encapuzado ao galpão de um regimento do exército, em cujo teto foi suspenso por cordas, violentamente espancado e submetido a choques elétricos no peito, nas genitálias e no ânus, até perder a consciência. Gatica foi salvo graças à intercessão do bispo Francisco Fresno. Por intermédio de um colega soube das farmácias e refugiou-se em Santiago, também acolhido por Jorge Schindler, que o empregou, primeiramente, na farmácia O’Higgins, em seguida entregando-lhe a gerência da farmácia Principal, en Maipú - missão que atrás da fachada significava, primeiramente, alimentar e vestir os esfomeados e maltrapilhos militantes e reconstruir as células clandestinas do PC.

A maioria dos cem militantes salvos por Schindler não se conhecia e para garantir a sobrevivência do grupo, todos cortaram seus vínculos operacionais com o partido.

Destemido, Schindler alugou casas, prestou apoio financeiro, distribuiu medicamentos e chegou a esconder armas dos militantes em operação ou em fuga, como os fuzis AK-47 que, suspeita-se, pertenciam à Frente Patriótica Manuel Rodríguez (FPMR), o braço militar do PC, que em setembro de 1986 tentou assassinar Pinochet.

Em 1979, Julio Schindler abandonou o Chile, notabilizando-se até a queda do muro de Berlim, por sua participação ativa nas reuniões clandestinas de reconstrução do partido, grande parte delas realizadas em Berlim Ocidental.

O que ele fez é notável!”, afirma, emocionado, Quintin Barrios, que gerencia a farmácia México, a primeira aberta por Schindler e talvez a mais lendária farmácia do Chile.
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Texto publicado originalmente em JORNAL GGN, São Paulo

24 agosto 2014

Frederico Füllgraf - Aquele sábado com Emilie Schindler


Fotos: divulgação


Janeiro de 2012.

Foi há dezenove anos, e fazia um sábado sombrio nas planuras argentinas. 

Estávamos a caminho da cidadezinha de San Vicente, 70 km ao sul de Buenos Aires. Eu me sentia excitado, tinha marcado um encontro com uma personagem mitológica da História, tentando adivinhar o motivo de sua mudança da longínqua Europa para aqueles recônditos.

Marcelo Cantelmi, um dos editores do Clarín, me ligara para o Rio de Janeiro, dizendo, "che, te tengo una historia fascinante!". A referência atingira-me feito raio e em questão de dois dias eu pousava em Buenos Aires; no bolso, a encomenda da TV Alemã. 

Contudo, para localizar a a famosa, mas arcana personagem, fizeram-se necessários alguns lances detetivescos. Meu primeiro contato fora Raúl Colman, repórter do Pagina 12, que descobrira o paradeiro de Emilie, mas me aconselhara pedir a intercessão de um terceiro jornalista. Quem fez a ponte e me anunciou por telefone, foi Max Finkelstein, judeu berlinense que, fugindo dos nazistas, alcançara a América Latina através do Expresso Transsiberiano, via Rússia e Japão, e que depois de caçar onças e animais exóticos na selva boliviana para exportadores de peles, aportara em Buenos Aires na década dos anos 1950, trabalhando para ae agência de notícias DPA, antes de tornar-se o editor do “Semanário Israelita”, em língua alemã.


Com o mapa rodoviário no colo, eu tentava dar indicações para Leticia Vota, minha companheira, que ao volante ziguezagueava pela paisagem. Pela estrada que segue a La Plata, cortando em linha reta o início da pampa, entediante e tristonha, finalmente alcançamos San Vicente. Jan Pablo, nosso filho, com ano e meio de idade, dormia o sono dos justos em sua cadeirinha sobre o banco traseiro do carro.

De repente, lá estava o endereço, Calle San Martín 353; uma casa muito simples (essa da foto), num bairro humilde. 

Baixei do carro, aproximei-me do portão e toquei a campainha. O sangue martelava em minhas têmporas... Passados alguns segundos, uma anciã, cabelos grisalhos, curtos, de estatura baixa, corpo encurvado, apareceu na soleira da porta da casa, baixou os poucos degraus para a calçada e veio abrir o portão. Cumprimentou-me com um ligeiro sorriso, estendeu-me a mão  calejada, e seus olhos faiscavam um estranho brilho aconchegante.


Reparei que Dona Emilie arquejava ao caminhar e quando ela  abriu a porta da sala, espantei-me com a turba de dezoito gatos, que me apresentou, nome por nome, e que, miando e ronronando, enroscavam-se em suas pernas, dificultando ainda mais seus passos pela casa. 

Contou-me que vinha padecendo de uma inclemente osteoporose que lhe triturava as articulações e principalmente os ossos da coluna. Mas não se deteve em ir à cozinha várias vezes, para servir-nos café e um farto prato com pão e frios, que os gatos, já gordos mas desavergonhados, insistiam em devorar, o que eu, constrangido,  não queria comer. 

Chamou-me atenção a modéstia de seus aposentos, hermeticamente fechados, para isolar as fatais correntes de ar para a octogenária , mas era forte o odor do xixi dos gatos, mesclado com os gases do óleo diesel da estufa, que aquecia sofrivelmente a sala, na qual estávamos sentados naquele sábado, frio e chuvoso. 

Percebi que, apesar da fama internacional, Emilie Schindler levava a vida de uma mulher pobre. 

Eu trazia nas mãos um exemplar de “Schindler’s List”, do australiano Thomas Keneally, imaginando que, tanto a edição do livro, quanto a compra dos direitos do mesmo por Steven Spielberg para a roteirização do filme homônimo, lhe tivessem rendido uma polpuda reserva. Boquiaberto, ouvi seu relato queixoso de que o bestseller de Keneally, que já vendera centenas de milhares de exemplares mundo afora, lhe rendera míseros 25 mil dólares, com os quais estava pagando tratamento médico. Pior: Spielberg argumentara ao advogado de Emilie que, com a aquisição dos direitos cinematográficos pagos a Keneally, teria "quitado" sua conta com os Schindler. Emilie não deixou barato, anos mais tarde processando Spielberg.


Mas por que a Argentina - e por que exatamente a mudança para San Vicente?


- Porque não tínhamos mais a cidadania alemã e porque as únicas pessoas dispostas a apoiar-nos eram uns poucos judeus alemães que viviam na Argentina - explica, ajuntando: - E nos deram uma granja de presente, com um pequeno aviário. Mas Oskar protestou, a última coisa que faria na vida era criar galinhas, não tinha nascido pra aquilo! Vivia chateado, entediado, disse que precisava voltar a rodar o mundo, e ao cabo de uns oito anos aqui, um dia me surpreendeu: - "vou me embora!". Despediu-se e nunca mais voltou...

Cinqüenta anos para emergir da sombra de Oskar

Apesar dos dezenove anos que transcorrem desde minha visita, impossível esquecer alguns detalhes: a pintura descascada das paredes da casa, os móveis velhos e mal conservados, as roupas de Emilie, surradas e puídas, seu cabelo desgrenhado e o rosto profundamente vincado por rugas – a tudo aderia a fuligem pastosa da dor feita indiferença, incorporada com resignação. 

Pareceu-me ansiosa em contar sua história, com frases repetitivas e um olhar fixo, perdido no aparente nada, talvez cravado naquele pátio de fábrica em Cracóvia, capaz de aprisionar o tempo nos objetos que a cercavam; tempo que eludia das fotos que, com emoção reprimida, ia retirando de uma caixa de sapatos, estendendo-as sobre a mesa. As fotos remontavam ao final dos anos 1930, na Morávia, República Tcheca, revelando uma jovem mulher vencedora, filha de pais ricos, que apostara todas suas fichas para ser feliz ao lado de Oskar.

Mas o depois, assim insinuavam as duas rugas de amargura nos cantos de sua bonita boca, dilatara-se em intermináveis dias, meses, anos, décadas de espera. Naqueles cantos da boca refugiara-se a pergunta que não queria calar: "por que Oskar me deixou?"

Quando eu lhe disse que uma foto em preto e branco, abraçada ao galã Oskar, batida em frente de sua casa na Morávia, com o carimbo do ano de 1938 ainda legível, me arrancara suspiros, pois era acachapante sua semelhança com Lauren Bacall, Emilie esboçou um sorriso fugaz, logo espantado por um aceno de desdém. - Mas ele sempre viveu pendurado em outras saias! - grunhiu.


Oskar Schindler e "outras saias"

Ao despedir-me daquele primeiro encontro, já parado do lado de fora do portão, perguntei-lhe se poderíamos gravar seu memorável depoimento, que semanas depois seria transmitido pela Deutsche Welle TV mundo afora, em alguma estação de trens de San Vicente. Expliquei-lhe que eu tinha imaginado a despedida de Oskar, em 1957, em uma plataforma de trem. Além do mais, eu guardava em minha memória as fantasmagóricas imagens de estações de trem e o ranger metálico, gritado, das rodas dos vagões carregados de judeus, em lento movimento, rumo aos campos de extermínio. Terror à parte, eu lhe disse: nos filmes antigos os amantes não costumavam despedir-se numa estação de trem? A octogenária sorriu cinicamente, destruindo meu roteiro: - Não foi nada romântico, não. Ele apenas acenou, aí do lado de fora do portão, onde o sr. está parado, virou as costas e partiu! Foi assim que eu o vi pela última vez.

Disse isto com um esgar no canto esquerdo da boca, onde sangravam  cinquenta anos de espera pela volta de seu amor. 

Voltei ao carro e, enquanto rumávamos de volta a Buenos Aires, esforcei-me em dissimular, reclamando do “vento” que debaixo dos óculos escuros me arrancava lágrimas dos olhos. 

A imagem dos trens se instalara de forma tão insistente em meu imaginário que, ao retornar a San Vicente, três dias depois, com minha equipe de TV, teimei em documentar a única estação, onde há anos já não circulavam trens, cujo sino estava enlaçado por uma imensa teia de aranha e cujos trilhos pareciam vir do nada e ir para lugar nenhum.

No filme, usei esta imagem como metáfora de Emilie, la olvidada, cujo ilimitado amor, há muito amalgamado com indignação e fel, escapou-lhe dos lábios, quando mal nos tínhamos acomodado debaixo de um pessegueiro em flor, para gravar a entrevista em seu jardim. 

Apontando para uma pequena elevação de terra coberta de grama, no fundo do pomar, disparou, secamente: - Sabe o que é aquilo? Aquela é a cova do meu cachorro, mais digna e florida que o túmulo de Oskar em Jerusalém. Lhe garanto: ele não merecia outra coisa ! - blasfema.




J.L.Godard: "Spielberg ganhou milhões, mas a sra. Schindler continuou pobre!"

A heroína omitida

Uma por uma, Emilie espinafrou as afirmações do livro de Keneally, que eu mantinha no colo e folheava para as perguntas, que ela respondia diante da câmera. 

O que mais me impressionou e repercutiu mundo afora, foi sua descrição dos enfrentamentos verbais que afirmou ter tido com Amon Göth, o comandante SS do campo de concentração de Cracóvia:  - Certa noite, durante um jantar em nossa casa, quando ele falou aquela baboseira toda, com aquela empáfia patrioteira, sobre a necessidade de sermos ‘bons alemães e esquecermos os judeus’ etc. e tal, pedi-lhe que fosse embora, caso contrário eu lhe meteria a mão na cara, ali mesmo – e ele levantou-se e foi ! - disse, olhando para a câmera, desafiadora, ajuntando:  - O Oskar comia pelas bordas, mas eu não tinha medo daqueles caras, eu os enfrentava! - advertiu.

Com atitudes assim destemidas, Emilie protegeu e salvou, inicialmente, 330 judeus – homens, mulheres e crianças – do extermínio na Polônia ocupada. É que lhe coube decidir, se um grupo de 330 judeus, que já se encontravam presos num trem, deveria seguir para um campo de extermínio, ou ficar com ela, "para trabalhar na fábrica", um subterfúgio contrabandeado para a negociação com os hierarcas nazistas:  - Na realidade, eles estavam muito fracos para trabalhar, mas eu disse aos guardas que precisava deles, assim mesmo, e daí começamos a enterrar os mortos e a tratar dos que estavam esgotados e doentes.

Diante do avanço das tropas soviéticas sobre a Polônia, Oskar e Emilie desarmaram sua fábrica em Cracóvia e a reergueram em Brünnlitz, atual República Tcheca. Remontando em sua memória um cenário de filme de mocinho e bandido, Emilie descreve de forma divertida, como corrompeu com jóias a oficiais e guardas da Wehrmacht e da SS em Brünnlitz, e como conseguiu contrabandear cereais para alimentar os judeus que trabalhavam na fábrica:
- Quando as jóias acabaram, usei vodca para corromper o próprio dono do moinho de cereais, vodca que tínhamos trazido de Cracóvia ! - excitou-se, como se as cenas tivessem ocorrido na noite anterior. 

Com muita persuasão, a justificativa perante a SS “colou” e assim os Schindler conseguiram salvar “seus” judeus da morte.


A impostura de Spielberg

É vã, porém, a tentativa de encontrar estas cenas protagonizadas por Emilie Schindler na “Lista” de Spielberg. Simplesmente porque o diretor hollywoodiano não realizou nenhuma pesquisa adicional ao livro de Keneally, e foi o escritor quem cometeu as graves omissões, limitando-se a entrevistar Oskar, enquanto vivo na Alemanha, e seu ex-assistente em Cracóvia, o judeu Isaac Stern, que elaborara a famosa lista, e que depois da 2a. Guerra emigrara para os EUA. Pior: não tivesse sido Stern - em cuja loja Keneally comprara uma mala e que o seduziu para escrever o livro, para o qual Stern e Oskar tanto buscavam um autor - e Emilie não teria recebido um tostão furado de direitos autorais da venda do livro – por decisão de Oskar - daí sua grande amargura.



Disse-nos Emilie diante da câmera da Deutsche Welle TV:  - Oskar ‘privatizou’ a história da lista, como se tivesse sido seu único protagonista. Nunca me informou que um livro estava sendo escrito e foi graças à decência do Sr. Stern, que advertiu a editora sobre a minha pobre vida na Argentina, que acabei recebendo 20 mil dólares. 

Muito antes de Spielberg, um grande diretor, de fato,  estava apaixonado pela estória, e esta, assim como a vida de Emilie, poderiam ter tomado um rumo completamente diferente. O diretor chamava-se Fritz Lang, o lendário criador de "Metropolis".


Só com muito esforço consegui evitar, pouco antes da estréia do filme de Spielberg, que da entrevista televisiva com Emilie fosse suprimida (censurada, por temor a pressões) sua explosiva denúncia, de que até o final de 1993 não havia recebido nenhum níquel de direitos autorais de Spielberg – acusação renovada contra Spielberg no Festival de Cannes de 2001, pelo cineasta Jean Luc Godard, através de um personagem de seu filme “Elogio do Amor”. 

Pressionado, em 1996 Spielberg resolvera remeter 50 mil dólares à anciã, mas esta levou adiante sua denúncia, que ganhou os foros da Justiça, quando Emilie passou a reivindicar 6% de participação na exploração comercial internacional d’ “A Lista”, que faturou US$ 417,3 milhões de dólares de bilheteria, mundo afora. 

O processo, porém, nunca progrediu e Spielberg ficou lhe devendo até a morte, o que constitui um dos episódios mais antiéticos da história de Hollywood. Não teria custado nada ao oportunista e mais rico dos diretores norte-americanos, gratificar com justiça a grande, porque – comparativamente a Oskar Schindler - modesta e arredia heroína da lendária “Lista”, que durante décadas vegetou socialmente no anonimato de San Vicente, e que continuava pobre, enquanto a “Lista” enriquecia Spielberg. 

São comoventes, por outro lado, as formas através das quais a Argentina, seu país anfitrião, a tratou do primeiro ao último dia sua permanência. Durante mais de 20 anos a comunidade judaica de Buenos Aires custeou suas necessidades básicas com habitação. Foi o Congresso argentino quem a declarou “Cidadã Ilustre da República Argentina” em 1999, foram os jogadores do River Plate quem lhe ofertaram uma cadeira de rodas, quando Emilie já não podia mais caminhar, e foi na Argentina, finalmente, onde Emilie conseguiu publicar seu livro de memórias.

É hilariante que, apesar d’ ”A Lista” de Spielberg e do cerco televisivo, Emilie só tenha conseguido quebrar o anonimato com sua autobiografia - “Eu, Emilie Schindler” - redigida por Erika Rosenberg e lançado internacionalmente na Feira do Livro de Frankfurt de 2001. 


O que fez Emilie retornar à Alemanha, alguns meses antes, foi aquele instinto de animal moribundo, que busca o chão da infância para seu último suspiro. Nos bastidores, entretanto, voltara a travar uma batalha jurídica inteiramente nova: a posse da Mala de Schindler, encontrada no sótão de uma casa na cidade alemã de Hildesheim, pelos filhos de uma “confidente” de Oskar, falecida em 1999. 

A mala havia sido presenteada por Oskar à “amiga”, e continha nada mais e nada menos que os originais da famosa Lista, datilografados por Stern, várias cópias do valioso documento, mapas, fotos e intensa correspondência trocada ao longo de quase vinte anos, desde que deixara a Argentina. Como a mala fora entregue ao jornal Stuttgarter Zeitung, que publicou o material em forma de série, sem consulta a Emilie, esta processou o jornal e reivindicou tanto a posse da mala, como uma indenização no valor de 100 mil Marcos. Através de um acordo, conseguiu um acerto sobre 25 mil, mas a mala já estava depositada no Memorial Jad Vashem, em Israel. 

Até o final de setembro de 2001, Emilie Schindler lutou pela transferência definitiva da lendária mala para a Casa da História da República Federal da Alemanha, em Bonn, mas um derrame a fulminou antes que se regozijasse pelo resgate – de sua própria história e de seus adereços.

Faz onze anos que Emilie Schindler morreu. Faleceu poucos dias antes de seu 94o.  aniversário, numa clínica na cidade de Strausberg, a poucos km de Berlim. Morreu realizando um sonho fragmentado, o do retorno à sua pátria; amarga pátria de ontem. Não a via desde 1949, e quando chegou, disse, fascinada:  “Deutschland ist sehr schön, ich möchte hier bleiben! - A Alemanha é muito bonita, quero ficar aqui”. 

Seu projeto mais importante, porém, o resgate de seu verdadeiro papel histórico na salvação de 1.700 judeus virtualmente condenados à morte, só lentamente emergia das sombras, para as quais “historiadores”, cronistas e Hollywood a haviam empurrado.