29 maio 2014

¡Premio Nacional de Música & Literatura 2014 a Patricio Manns!

Foto: divulgação

Petición: ¡Premio Nacional de Música & Literatura 2014 a Patricio Manns!

By Universidad de Playa Ancha
Valparaíso, Región de Valparaíso
"El país tiene una deuda histórica con Patricio Manns, una persona tan reconocida por todos, con una capacidad extraordinaria para interpretar la realidad y que versa en su música un contenido profundo..." - Patricio Sanhueza, Rector de la Universidad de Playa Ancha 
“Sería el reconocimiento a un trabajo consciente, comprometido, de avanzada. Y que nuestra universidad sea la que contextualice este trabajo, es fundamental, en el entendido que manifiesta abiertamente su interés por reconocer los valores públicos presentes en la obra de autores insignes para nuestro país y el continente latinoamericano, como es el caso de Manns...” - Boris González, Jefe de la Dirección General de Vinculación con el Medio de la Universidad de Playa Ancha

Patricio Manns es un destacado artista chileno que cuenta con una cincuentenaria trayectoria internacional, destacándose como un sobresaliente cantautor y escritor que cuenta con el afecto de varias generaciones de chilenos e, igualmente, de una nutrida admiración de audiencias a nivel internacional.
En el ámbito musical, es ampliamente reconocido como uno de los más notables creadores de la Nueva Canción Chilena y músico de la resistencia internacional en dictaduras latinoamericanas. Es por esto que la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD) lo distinguió como “Figura Fundamental de la Música Chilena” (2006), mismo año donde el Consejo Chileno de la Música le otorga la “Medalla de la Música”. La canción "Arriba en la Cordillera" de Patricio Manns es una de las que fueron seleccionadas por distintas instituciones de Chile -mediante votación popular-, como una de "las mejores canciones del siglo XX". Este hecho fue ratificado diez años después en el 40º Festival de Olmué del año 2009, en el que esta canción ganó el galardón de la mejor canción chilena de todos los tiempos, año también en el que también recibe el "Premio de la Música Presidente de la República de Chile", instancia en la que la actual mandataria del país afirmó que “Patricio Manns es, sin duda, uno de nuestros más grandes creadores". Un año después, recibe el Premio Altazor por su disco "La tierra entera", considerado "el mejor álbum de música popular" grabado en aquel año (2010).
En ámbito literario, su obra es ampliamente conocida en Europa, Estados Unidos y Argentina, siendo vetada académicamente en Chile desde 1973 a la fecha. Se ha desarrollado en el ámbito de la poesía, el ensayo, la novela y el teatro, recibiendo el Premio Alerce de la SECH (1967), el Premio Municipal de Literatura (1973 entregado en 1998), la Beca Guggenheim de Literatura (1988). Su novela "El Corazón a Contraluz" fue seleccionada como una de las tres mejores novelas francesas o extranjeras publicadas en ese año en Francia (Prix Rhône Alpes, 1996). Además, también ha recibido el Premio del Consejo del Libro y la Lectura (2001) por sus cuentos reunidos en "La Tumba del zambullidor", así como el Premio Municipal de Literatura de Valparaíso (2005) “por el conjunto de su obra literaria”. 
Esta postulación posibilita enmendar el desconocimiento, la injusticia valorativa hacia un autor que a pesar de la censura ha recogido el reconocimiento de los pueblos, porque para Manns no es imposible aunar lo sencillo, lo poético de sus canciones con la densidad estructural, la sabiduría histórica, la riqueza simbólica y la palabra persuasiva con que entrega sus propuestas de futuro. 
Gana Chile con este magnífico narrador poeta. Gana Chile con este gran músico de la memoria histórica latinoamericana. Gana Chile con esta voz apasionada que multiplica estrategias musicales y narrativas para alcanzar una paz próspera de respeto a lo humano, lo cultural y lo natural. Gana nuestro continente, con alguien que rehúye litigios procurando los encuentros. Gana el mundo al encontrarse en una sola voz chilena todas las voces, siendo uno de esos artistas que no han cedido a la desesperanza... y que viven alimentando el tránsito y los sueños de nuestros pueblos. 

Ezra Pound - Contra la usura



CANTAR XLV.



Con usura no tiene el hombre casa de buena piedra

Con bien cortados bloques y dispuestos
de modo que el diseño lo cobije,
con usura no hay paraíso pintado para el hombre en los muros de su iglesia
harpes et lutz (arpas y laúdes)
o lugar donde la virgen reciba el mensaje
y su halo se proyecte por la grieta,
con usura
no se ve el hombre Gonzaga,
ni a su gente ni a sus concubinas
no se pinta un cuadro para que perdure ni para tenerlo en casa
sino para venderlo y pronto
con usura,
pecado contra la naturaleza,
es tu pan para siempre harapiento,
seco como papel, sin trigo de montaña,
sin la fuerte harina.
Con usura se hincha la línea
con usura nada está en su sitio (no hay límites precisos)
y nadie encuentra un lugar para su casa.
El picapedrero es apartado de la piedra
el tejedor es apartado del telar
con usura
no llega lana al mercado
no vale nada la oveja con usura.
Usura es un parásito
mella la aguja en manos de la doncella
y paraliza el talento del que hila. Pietro Lombardo
no vino por usura
Duccio no vino por usura
ni Pier della Francesca; no por usura Zuan Bellini
ni se pintó “La Calunnia”
No vino por usura Angélico; no vino Ambrogio Praedis,
no hubo iglesia de piedra con la firma: Adamo me fecit.
No por usura St. Trophime
no por usura St. Hilaire.
Usura oxida el cincel
Oxida la obra y al artesano
Corroe el hilo en el telar
Nadie hubiese aprendido a poner oro en su diseño;
Y el azur tiene una llaga con usura;
se queda sin bordar la tela.
No encuentra el esmeralda un Memling
Usura mata al niño en el útero
No deja que el joven corteje
Ha llevado la sequedad hasta la cama, y yace
entre la joven novia y su marido
Contra naturam
Ellos trajeron putas a Eleusis
Sientan cadáveres a su banquete
por mandato de usura.

26 abril 2014

Frederico Füllgraf - Chernobyl: crônica do dia depois


(texto publicado em Gazeta do Povo, abril de 2006)

Radioatividade era a maldição. Não tinha forma, cheiro, nem cor. Era o inimigo amoitado, fantasmático, porque onipresente. Medusa gasosa, deus volátil, todo-poderoso, no vicejante jardim de um bairro de Stuttgart a nuvem radioativa de Chernobyl já desencadeava a metamorfose diabólica. Pessegueiros, pereiras e cerejeiras em flor, saltavam das páginas da literatura, do livro de “Gênesis” até Baudelaire, como metáforas letais da árvore do pecado, do fruto proibido, das flores do mal... – todos intocáveis.

Crônica

Manhã de 26 de abril de 1986, tingida de laranja esmaecido por acanhados raios de sol primaveril.

Eu caminhava em direção a uma padaria, em Bremen, noroeste da Alemanha, quando numa banca deparei com as manchetes dos principais jornais, que sacudiram os restos do meu entorpecimento: "Aconteceu o improvável - o acidente do milênio – explode usina nuclear na Ucrânia!“.

Alvoroçado, naquela manhã esqueci um importante compromisso profissional, e o editor que me esperava, relevou, dizendo que estava colado aos noticiários da tevê. 

Os trens alemães atrasaram - incidente não previsto na agenda de um país regrado, sisudo, que naquele dia se esquecera de seus princípios, narcotizado pela onda de choque. O primeiro balanço advertia: 28 mortos em Chernobyl. E uma nuvem com 40 toneladas de um coquetel de substâncias radioativas rumava para oeste, na direção da Europa Central.

Imaginando-me o único brasileiro no olho do furacão, liguei para o Brasil, que dormia o sono dos distraídos. Despertei namorada e amigos, soletrando o nome da catástrofe. Insistiram em que eu voltasse no primeiro avião. Infelizmente eu não podia abandonar minha missão, pois – venenosa ironia - encontrava-me em turnê pela Alemanha, estreando o filme documentário "O veneno nosso de cada dia", co-financiado pelo governo José Richa, sobre o impacto humano e ambiental do uso de agrotóxicos no Brasil. 

Um solilóquio sobre o absurdo paralisou-me - quem se importaria com malformações de crianças nascidas nos campos de algodão do Paraná, enquanto o céu, na Europa, vomitava radioatividade sobre a cabeça de centenas de milhões de pessoas?

De posse da estória toda, ruminei sobre crenças que da noite para o dia se fazem pó. Por exemplo: a capciosa estatística conjurada pelas "comunidades científicas", asseverando a “probabilidade 1:1.000 000 000“, de um acidente grave em usinas nucleares. No dia 26 de abril de 1986, esta fantasia irresponsável jazia por terra, junto com os mortos de Chernobyl.

Lembrei-me de Jane Fonda estrelando o thriller “The Day After”, prenúncio cinematográfico do acidente de Three Miles Island, mas intuí que comprara um ingresso para um “filme“ pior. 

Contudo, a turnê agendara compromissos e tinha que continuar. 

Durante a longa viagem para Stuttgart transitei por cenários de uma guerra desesperada contra um inimigo invisível. Nas curvas do Reno, imaginei desatados os fantasmas de Wagner. Da janela do trem divisei imagens do colapso, já banalizadas pelos filmes-B de ficção científica: matraqueado metálico de helicópteros no céu; barreiras policiais bloqueando as estradas; carros esvaziados de seus ocupantes por comandos de robocops com roupa de proteção futurista e máscaras de oxigênio; a estridência das sirenes advertindo acidentes; luzes de alarme piscando em azul, vermelho e amarelo; contadores Geiger subindo e baixando sobre corpos humanos; gado cercado nos pastos como “fator de risco”, confinado em estábulos.

No dia seguinte, durante o café da manhã, no hotel, o bombardeio incessante dos boletins de advertência: “elevada dosagem de bequeréis medidos no solo da Floresta Negra. O consumo de laticínios da região está terminantemente proibido“.

E naquela tarde de domingo, 27 de abril, confrangido, ali na sala da casa do deputado Verde, Willi Hoss, com as janelas para o jardim hermeticamente fechadas, senti-me prisioneiro de um cenário mais macabro que “Primavera Silenciosa”, o romance documental de Rachel Carson sobre devastação e morte nos campos dos EUA, após seu bombardeio com milhões de toneladas de pesticidas. 

Radioatividade, contudo, era a maldição. Não tinha forma, cheiro, nem cor. Era o inimigo amoitado, fantasmático, porque onipresente. Medusa gasosa, deus volátil, todo-poderoso, no vicejante jardim de um bairro de Stuttgart a nuvem radioativa de Chernobyl já desencadeava a metamorfose diabólica. Pessegueiros, pereiras e cerejeiras em flor, saltavam das páginas da literatura, do livro de “Gênesis” até Baudelaire, como metáforas letais da árvore do pecado, do fruto proibido, das flores do mal... – todos intocáveis.

Aquele medo de respirar, o terror de expor-se ao céu que não mais protegia!

Anoitecia, e o cinza que deitava sobre a linha do horizonte pareceu-me o ocaso dos deuses da máquina infalível.

Vinte anos depois, quatro mil mortos (“oficiais”) em Chernobyl - em Angra dos Reis, seriam quantos?

Vinte e cinco anos depois, então Fukushima.

E nos ossos das crianças sobreviventes continua a morder a serpente luminosa.



Fotos: ilustração

11 março 2014

Manoel de Andrade lança "Nos Rastros da Utopia"


inédita e monumental viagem poético-política
pela América Latina dos anos 1970


Olá amigos, ao convidá-los para o lançamento do meu livro, quero dizer que NOS RASTROS DA UTOPIA é, acima de tudo, a longa crônica de um poeta que sonhou com o impossível, e cruzou tantas fronteiras acreditando que pudesse mudar o mundo com seus versos. É também um convite a viajar por caminhos e por um tempo fascinantes, em que o sonho e a esperança comandavam os rumos da História. Um tempo em que se repartia a vocação solidária de um mundo melhor. Este livro é o quinhão da utopia que me resta.

Manoel de Andrade - poeta.

Curitiba, março de 2014