10 janeiro 2012

Marilda Confortin - Comé que fica meu prejuízo?

Ilustração: domínio público


Encostados no balcão da lanchonete da rodoferroviária de Curitiba, os dois amigos tomavam café da manhã. Trabalhavam na redondeza e se divertiam ouvindo trechos de conversas de pessoas desconhecidas que passavam pela estação. Quando o ônibus partia, se alguma mulher olhasse pela janela, os dois acenavam, jogavam beijos para a estranha e não raramente faziam gestos obscenos ou gritavam frases como: “- Não me abandone, meu amor! Volte para nossos filhos! Por favor não se vá” ou, pior, “Vai... vai embora sua piranha! Cadela sem vergonha! Vai viver com seu amante, vagabunda!”.

A infeliz fechava a janela constrangida enquanto os outros passageiros abriam a janela para ver e ouvir o que eles gritavam. 

Outra diversão dos dois amigos era inventar diálogos a partir de uma frase que ouviam nas despedidas, colocando-a num contexto que não tinha nada a ver com a conversa.

Naquele dia, por exemplo, uma senhora cuja saia farta e florida entrava incomodamente nas nádegas também fartas, embarcou no ônibus da Reunidas e despediu-se de um homem mais jovem, dizendo “... e faça o que eu mandei!”. Um deles pegou daí e emendou: “Pode deixar, sua velha desgraçada. Vou encher sua filha de porrada”. E o outro complementou: “Ai benzinho, bate mais, assim, isso, mais, mais, gostosão!” 

O viajante encostado no balcão da lanchonete, esperando um misto frio e um pingado, olhou para os dois marmanjos e balançou a cabeça, inconformado com aquela brincadeira de mau gosto.

O lanche do viajante chegou. O sujeito deu uma mordida, mastigou, fez uma expressão de quem está experimentando um sabor inesperado e olhou intrigado para o sanduíche.  Tomou um gole do pingado, deu uma abocanhada maior, mastigou, mastigou, franziu a testa, mordeu de novo, engoliu e olhou interrogativo para o lanche.  Repetiu isso várias vezes, até restar somente um terço do pão.

─  Moça, não tem queijo aqui nesse misto!

A garçonete pegou o resto do sanduíche que sobrou na mão dele, abriu-o e constatou que não tinha queijo. Mostrou para as outras moças. Cochichou no ouvido da amiga, dizendo que talvez o sujeito já tivesse comido todo o queijo. Uma delas cheirou o sanduíche e confirmou: “não tem cheiro de queijo”. A outra sugeriu dar uma fatia de queijo para o freguês ficar quieto.
─  Não quero uma fatia de queijo. Eu pedi um misto: pão, presunto e queijo. Entendeu?

A moça, tentando evitar discussões constrangedoras, lhe ofereceu mais um misto frio de graça.

─ Não quero outro! Quero o que pedi! Comé que fica meu prejuízo?

Sem saber o que fazer, a garçonete chamou o gerente, explicando a situação. Ele propôs descontar o valor da fatia de queijo. O passageiro descontente e indignado retrucou: 

─ Não quero desconto. Fui enganado. Quero saber comé que fica meu prejuízo! Você não entende?

O gerente tentou acalmá-lo propondo devolver todo o dinheiro que pagara pelo sanduíche.
─ Não quero dinheiro!  Você não entende? Você não pode me devolver o que nunca lhe emprestei. Você não pode me dar o que nunca teve. Você não pode desfazer o que nunca fez. Você não pode fazer nada.  Eu só quero saber comé que fica meu prejuízo? 

Os dois amigos pagaram a conta e voltaram para o trabalho, calados. Aquele trecho de conversa ficou martelando em seus pensamentos como prego em suas carnes.  

Como é que fica meu prejuízo? Quem vai restituir o apetite depois de enganada a fome?  Como preencher a falta do que nunca existiu? Como explicar a presença da ausência?  Como cobrar uma dívida se não há devedor? O que dizer para alguém que passou dois terços da vida esperando encontrar sua “fatia de queijo” que nuca existiu?  Quem vai me ressarcir o tempo, o gosto, a vontade, o prazer, a fome? Quem? Como é que fica meu prejuízo?  Você me entende?

05 janeiro 2012

As time goes bye II - "Estar neste mundo, mas não pertencer-lhe" (filosofia súfi)


As Time goes bye II:
"To be in the world, but not to belong to it"
(Sufi philosophy)

Ilustrações: livre domínio /free domain
Foto inferior: The Big Blue Hole, Belize

03 janeiro 2012

Wendy Guerra - Habana oscura


Llamo a la mamá de Iván, llamo a los padres de varios amigos que no viven en La Habana. Hablo con los que estamos aquí juntos día a día y planeamos la noche.
Les deseo a todos un año hermoso donde nos encontremos. Besos, fuerza, ánimo e impulso. Las noticias de todas partes son bien sombrías: “El mundo está al revés, resulta que me quieres”.
Algunos han podido comunicar con Cuba o El Vedado, a otros nos sorprendió la madrugada cuando las líneas colapsaron y no pudimos decir: ¡Es 2012! No se pudo mandar una señal de lado a lado de la ciudad o el mundo al revés. A las 12 en punto me quedé en silencio entre besos y abrazos augurando y agradeciendo llegar con salud y algunas pocas ilusiones, abrazados a cuerpos muy queridos, familiares y amigos alcanzamos juntos por fin el 2012.
Es extraño pero extraño todo
Extraño lo que tengo para siempre
El invierno que no hemos vivido
La luz que hoy se ahoga en las extrañas esquinas marchitadas.
Borges hablaba de las habaneras con tacones y medias finas, esa cubana va hoy poniendo sus tacones en zonas oscuras, huecos que a ciegas te entrampan en el empedrado que pisas a tientas, pero en equilibrio con la noche (como un milagro) alcanzas la luz de los afectos.
Este año no ha hecho nada de frío. La ciudad está apagada, aquí diciembre no es distinto a octubre, pero todos hemos hecho nuestras fiestas aferrados a los amigos, sí, sobre la oscuridad se tienden nuestros puentes hacia los pequeños y entrañables castillos, vamos a encontrarnos, tras pasar esos puentes llega la luz. Allí viven los seres que se esfuerzan en iluminar sus casas y preparar sus mejores alimentos despertando nuestros sueños apuntalados, modifican nuestro ánimo y ayudan a subir los escalones que nos conducen a enero.
Ya es enero.
Hemos pedido en silencio muchas cosas, en Cuba la gente aun pide deseos colectivos. “Volver a vernos” -“REGRESAR”- al mismo pedazo de ciudad que debe iluminarse, ya no… “se apaga un municipio para que exista otro, ya no, ahora las calles se encuentran ensartadas de punta a punta por la misma sombra.
Para el año que viene anhelo un cambio: Que se encienda todo, que se abran las puertas, que el camino a muchos otros amigos sea transparente y visible. Que las calles resuenen con nuestra música y que no pidamos prestada la alegría que una vez nos fue dada como don al nacer.
Mi pedido de año nuevo ha sido “Salud” para seguir viviendo juntos, entre los que nos quieren bien, en esta ciudad prendida que aun sigue conversando con el mar.

Fotos: divulgação

Mujeres y cambio climático



Rebeca Ramos Rella *



El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en ocasión de la 17 Conferencia sobre Cambio Climático, celebrada en Durban Sudáfrica, presentó un breve pero contundente diagnóstico sobre el perjuicio de este efecto global sobre la situación de las mujeres. En el Informe “Mujeres en la primera línea del Cambio Climático. Riesgos y esperanzas desde la perspectiva de género” se concluye que cuando sufrimos desastres naturales, -sequías, hambrunas, inundaciones extremas- son las mujeres las peor afectadas; además de niños y niñas.

Las mujeres que sufren estragos del cambio climático, además de tragedias, destrucción, muerte y dolor, se ven obligadas a buscar refugios y desplazarse, a sobrevivir en contextos de alta inseguridad social y personal, quedando a merced de grupos criminales que aprovechan su desgracia, la confusión que impera en momentos de devastación y la ausencia de estructuras sociales, leyes y autoridades que protejan sus derechos humanos. En base a promesas y mentiras, el crimen organizado ofrece soluciones inmediatas frente a desesperación y pérdidas materiales de mujeres y sus familias, por lo que ellas son susceptibles de ingresar a los hondos, oscuros y deleznables laberintos de la trata y explotación sexual.

Acentúa que las mujeres del sur del globo, “son especialmente vulnerables en situaciones de desastre por culpa de sesgadas relaciones de poder y de la desigualdad inherente a normas culturales y sociales”. Las mujeres y niñas solas, asiladas o huérfanas en medio del caos, excluidas del aprendizaje de estrategias y habilidades de supervivencia; segregadas por su condición de género, son presa común de la trata y explotación. Según la INTERPOL, el flagelo ilícito se dispara entre 20% y 30% cuando hay emergencias naturales.

El Informe del PNUMA revela la gran paradoja de este fenómeno repudiable, como un círculo vicioso del que las mujeres nada más no logran salir. Por un lado “las mujeres son fundamentales para crear opciones de adaptación sostenibles, gracias a sus
conocimientos, responsabilidades diversas y simultáneas y a los papeles que desempeñan en las áreas productivas(…)como agricultura, pastoreo, biodiversidad y explotación de los bosques; cuidado del hogar, obtención de ingresos, búsqueda de sustento. Según cálculos, alrededor del 43% de la mano de obra agrícola mundial corresponde a mujeres” –en Asia y África llega al 50%-.

Sin duda son ellas el sector estratégico de la población en el que descansan sostenibilidad medioambiental y seguridad alimentaria, dos pilares vitales que están bajo grave riesgo, por el cambio climático. Pero poco se hace para reconocerles este rol sustancial. En países afectados por el fenómeno medioambiental es “normal” que las mujeres no cuenten con pleno acceso a educación; hay discriminación en reparto de alimentos; inseguridad alimentaria; limitación en acceso a recursos; exclusión de instituciones y procesos políticos y en toma de decisiones. La marginación social, el machismo, la misoginia, la desigualdad de género, les regatean no sólo reconocimiento justo de su participación fundamental en el manejo y cuidado de recursos naturales, sino también, la indiferencia frente al abandono que las deja indefensas a su suerte, sin opción de solventar sus requerimientos básicos y los de sus familias afectadas por desastres. Si a este escenario deleznable, agregamos la discriminación e invisibilidad en tareas de gobierno, en ámbitos comunitarios, el recrudecimiento de violencia, acoso y todo tipo de maltrato contra ellas, que se ha probado, se genera mayormente en el seno de sus hogares y que llega hasta el feminicidio, el escenario es aún más desolador en medio de la devastación medioambiental.

Afirma el Informe que esta madeja de nudos ciertamente obstaculiza la adaptación de las mujeres a situaciones extremas y a cambios drásticos del entorno, por lo que los gobiernos están obligados a integrar y aplicar la perspectiva de género, en respuesta responsable y eficaz y les plantea siete recomendaciones:

1.- “Diseñar programas de adaptación en materia de seguridad alimentaria, agricultura, pastoreo y gestión de los recursos naturales de forma sensible y teniendo en cuenta los múltiples papeles que mujeres y hombres desempeñan en los distintos ámbitos de la gestión de los recursos naturales, así como en sus hogares, comunidades, formas de sustento e instituciones y relaciones consuetudinarias y legales (a nivel local, nacional, regional e internacional). Los programas deberían centrarse en las mujeres y en la igualdad de sexos”.

2.- “Mejorar los medios de vida de las mujeres y potenciar la adaptación garantizando que estas tengan el acceso, el control y la propiedad de los recursos (tierra, ganado, bienes y oportunidades de obtener ingresos), así como acceso a recursos para el desarrollo, como créditos, información, formación, difusión y tecnología”.

3.- “Invertir en tecnologías verdes que tengan en cuenta las cuestiones de género, se adapten a cada cultura y permitan ahorrar trabajo, tales como sistemas de recogida y almacenamiento de agua, sistemas de riego y combustibles sustitutivos de la madera”.

4.- “Efectuar un análisis sistemático del cambio climático desde la perspectiva del medio ambiente, del desarrollo y de la igualdad entre los sexos”.

5.- “Propiciar un entorno que posibilite una mayor participación y aportación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones y adopción de políticas en las instituciones locales, comunitarias, nacionales, regionales e internacionales, así como en los procesos, las negociaciones y las políticas relacionadas con el cambio climático”.

6.- “Garantizar que los programas de educación, formación, concienciación e información aborden la vulnerabilidad y la violencia de género, los abusos sexuales y la trata de personas en el contexto de las regiones montañosas y, especialmente, en las áreas con un riesgo elevado de inundación, sequía y otros desastres naturales”.

7.- “Colaborar entre los cuerpos nacionales de policía, las autoridades aduaneras, las ONG que combaten la trata de personas, las instituciones de investigación y la INTERPOL para
detectar, interceptar y combatir el tráfico nacional y transfronterizo de mujeres, niños y niñas”.

No obstante, en la COP 17 de Durban, los acuerdos alcanzados a marchas forzadas de 190 países y sobre el hastío del juego de vencidas entre Estados Unidos y China, principales potencias contaminantes con el 40% de emisiones globales, que nada más no transigen, no hay acciones definitivas para abatir efectos del Cambio Climático y por consecuencia, para solucionar la problemática que perjudica y pone en peligro, tanto a mujeres como a niñas y niños.

Pero algo es algo. Aprobaron ampliar a un segundo periodo de compromiso, el Protocolo de Kioto –que expira en diciembre de 2012- y que demanda reducción de gases de efecto invernadero. Les dieron prórroga a 2017 o 2020. Así que tienen años para seguir debatiendo sin asumir responsabilidades. Sin embargo, se logró el diseño del Fondo del Clima Verde, -unos 100 mil millones de dólares anuales que a partir de 2020, los países ricos aportarán para ayudar a los países en desarrollo, para financiar acciones que mengüen sus emisiones de CO2-aunque no se especificó de dónde saldrá ese dinero.

Los delegados festejaron que los “sucios renegados”, ricos y emergentes, firmaran una hoja de ruta para llegar al gran acuerdo global, que mejore al Protocolo de Kyoto y que debe estar listo para el 2015 y entre en vigor en 2020; así que no habrán compromisos jurídicamente vinculantes hasta entonces y por lo pronto el planeta se seguirá calentando con riesgo de subir más allá de los 2°C, que significa la irremediable catástrofe.

El Informe del PNUMA concluye que si los gobiernos efectivamente transformaran políticas públicas con enfoque de género, en acciones definitivas para afrontar y menguar los efectos destructivos del cambio climático, una de las herramientas indispensables para atacarlo, es precisamente reconocer a las mujeres en su magnífica capacidad y conocimiento de adaptación en contingencias e integrarlas al trabajo de desarrollo internacional al respecto, como genuinas protagonistas estratégicas y de pleno derecho.

Insiste. Son las mujeres, las lideresas en el desarrollo de la gestión del medio ambiente en sus países. Y sentencia: “son la mayor esperanza de cara al futuro”. De manera que los gobiernos nacionales y en los otros órdenes, deben tomar nota y acción, independientemente de los obstáculos en la arena internacional. Hay que actuar.

Por lo pronto, en México, en días pasados, el Senado ya aprobó la primera Ley del Cambio Climático, que establece una política nacional contra emisiones de gases contaminantes; estipula que dependencias y entidades de la administración pública estatal y municipal llevarán a cabo políticas y acciones de Mitigación tendientes a fomentar prácticas de eficiencia energética y promover el uso de fuentes renovables; más inversiones en construcción de ciclo vías o infraestructura de transporte no motorizado; aplicación de políticas públicas de protección al ambiente y de preservación y restauración del equilibrio ecológico; plantea reducir causas del efecto invernadero y disminuir la vulnerabilidad de población y ecosistemas; se elaborará y actualizará el Atlas Nacional de Riesgo.

Nuestra Ley crea al Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático para “coordinar y desarrollar la investigación científica y tecnológica con la política de bioseguridad, desarrollo sustentable, protección al medio ambiente y cambio climático”. Bien. Ojalá vaya en serio, se cumpla y se aplique. Sin embargo, falta el enfoque de género.

Mientras persistan desigualdad, discriminación e invisibilidad de las mujeres; escaso o nulo reconocimiento al ejercicio de sus derechos; meros discursos mediáticos hacia la igualdad, no violencia, no trata, tan incongruentes en las acciones de gobiernos; leyes que no se cumplen; remilgos en presupuestos para políticas públicas y programas con perspectiva de género, también los efectos nocivos e irreversibles del cambio climático continuarán destruyendo nuestros hogares y estructuras institucionales.

En tanto los gobiernos no promuevan ni se cercioren de apego a la legalidad y efectividad en los hechos y realidades, de los programas y acciones que incidan en conductas colectivas de respeto, reconocimiento e inclusión hacia las mujeres, desde la discriminación y desigualdad que padecemos, ya nos alertan, seguiremos destruyendo nuestro planeta y sepultando nuestra sobrevivencia.


*  Rebeca   Ramos Rella é  assessora política 
da Secretaria de Turismo  de Vera Cruz, 
 analista e cronista politica mexicana. 

Fonte: Al calor politico - México,dez. 2011


Fotos: divulgação

02 janeiro 2012

Frederico Füllgraf - A estética do clima


Em sentido decrescente: aurora boreal Islândia (dez. 2011);
aurora austral, Estação Scott-Amundsen, Antártida (2008)

Fontes: Der Spiegel, Wikipedia.de

Sergi Pàmies - Clima ruim na Literatura

Foto: divulgação


A mudança climática é um gênero literário com seus personagens, como a geleira e a desertificação, e seus críticos, popes e pontífices.

A mudança climática é um gênero literário. Sua decadência é discutida em fóruns internacionais e as notícias que tratam de sua existência convidam a pensar que ela acabará em catástrofe. Exatamente como o romance. Exatamente como a literatura de um modo geral. Exatamente como quase todas as línguas nas quais se escrevem os romances em particular e as literaturas em geral. Um dos protagonistas desta história de paixões e indiferenças é o aquecimento do planeta, narrador onisciente, um tipo duro e sem escrúpulos. Não se trata de um protagonista qualquer. Ele tem o poder de fazer com que nos sintamos culpados, uma vez que, assim como a literatura e Frankenstein, foi criado pelo homem.

A mudança climática mescla elementos de romance histórico mas, em muitos aspectos, é pura ficção científica. Sabe-se como começou, mas a partir de então o argumento se perde em digressões experimentais próprias do nouveau roman ou do realismo mágico. Afinal, o aumento do nível do mar e a inundação de regiões e países inteiros é algo que a Bíblia já previu, e, mais recentemente, Gabriel García Márquez. No que diz respeito ao aumento das temperaturas e à mudança dos hábitos alimentares, a melhor ficção científica já os anunciou sem a necessidade de contar com diretores de marketing tão eficazes e em evidência como Al Gore.

Al Gore é, para a mudança climática, o mesmo que Harold Bloom para a literatura. Fixa os cânones, influencia a comunidade dos especialistas e cria mensagens que se espalham com a potência de uma epidemia. Fisicamente, contudo, Bloom e Gore não são parecidos. O primeiro poderia ser o rei de um país autárquico e ficcional (primo-irmão de Orson Welles), ao passo que o segundo parece um fabricante de impressoras, adepto de tratamentos cosméticos faciais. Para o leitor da presente história, os ganchos argumentativos certamente se multiplicam. As emissões de CO2, por exemplo, configuram um personagem fascinante. Inventadas pelo homem, estimuladas por sua vontade irrefreável de ambição e enriquecimento, elas acabaram com o equilíbrio e ameaçam alterar a biosfera. A potência do personagem, ademais, pode ser vislumbrada em metáforas perfeitas, graficamente agressivas e com uma alta carga dramática: chaminés industriais cuspindo seus canhões de fumaça ao céu virgem, ou engarrafamentos automobilísticos somando a maldade de milhões de escapamentos.

Outro dos meus personagens favoritos é a geleira que, depois de resistir durante milhares de anos, está se fendendo. Já vimos a cena centenas de vezes na televisão: o compacto geleiro, filho, neto e bisneto de geleiras ancestrais, limitado por um fundamento natural de águas límpidas e gélidas, se rompe e, ruidosamente, despenca contorcendo-se de dor, dramaticidade e impotência. Em câmera lenta, e sublinhada por uma trilha sonora tendenciosamente depressiva, a imagem transmite ainda mais dor. A cena já faz parte de nossos pesadelos, e temos todo o direito de suspeitar que, assim como nas melhores intrigas de um romance noir, alguém se encarregou de repetir a mesma cena um punhado de vezes para manipular os elementos de um crime que todos nós podemos ter cometido. Ficamos encantados em ver a cena de novo, e sentimos falta de alguns pinguins saltando desesperada e disciplinadamente ao mar, sem dúvida para completar a sensação de suicídio coreográfico.

A mudança climática é insaciável. Sua estrutura narrativa é antropofágica: ela precisa devorar-se a si mesma para manter os níveis de intriga, angústia e esperança que preocupam um número cada vez maior de leitores. No princípio, fazíamos pouco caso dela. Alguém nos falava da mudança climática, mas não lhe dávamos importância. No entanto, ela foi impondo aos poucos seu poder de sedução, aliás mais próximo daquele que caracteriza os vilões do que os heróis. E ali está ela, crescendo a cada dia, brincando com nosso medo e nos mantendo na incerteza, invadindo nossos esbanjamentos aprazíveis e egoístas. Assim como os melhores livros, ela nos obriga a nos fixar em sucessivas evoluções, nos seduz com novas reviravoltas no enredo, cada vez mais complexas se comparadas às anteriores, cada vez mais surpreendentes.



A desertificação, por exemplo, que grande personagem! Graças à tecnologia informática, podemos visualizar seus efeitos devastadores. Seu encanto nos obriga a fixar a tela sem pestanejar. De modo geral, vemos uma cidade agradável em um belo dia de sol. As pessoas passeiam pela rua. Os pássaros cantam. As hipotecas são pagas pontualmente. As equipes da limpeza municipal recolhem o lixo previamente selecionado pelos cidadãos. Tudo parece normal. E, de repente, uma voz em off, com ênfase pseudocientífica e a teatralidade de um médico especialista anunciando um tumor, nos diz que, por culpa da desertificação provocada pela mudança climática, a cidade será arrasada por um sol implacável e por temperaturas que nos obrigarão a mudar nosso modo de vida. E então, depois de uma rajada de efeitos especiais, vemos a mesma cidade, assada como a costela de um churrasco, chamuscada por seus próprios excessos, vítima das iras do clima. Nessas reconstruções fictícias de desastres futuristas, nunca vemos uma cidade asquerosa, corrupta, uma espécie de Gotham City sombria e degenerada, salva pelo aquecimento do planeta. Não seria comercial, não teria o caráter atraente da catástrofe, o sensacionalismo dos melhores argumentos de best-sellers. Se fôssemos a um produtor de filmes e lhe disséssemos que queremos contar a história de uma mudança climática que, em vez de prejudicar, melhora as condições de vida, ele nos diria que ela não é verossímil, que ele não investirá dinheiro nisso e que os adolescentes devoradores de pipoca jamais pagarão para ver uma história de terror sem medo.




Assim como a literatura, a mudança climática também tem seus críticos, seus popes, seus pontífices. Eles sabem distinguir simples chuvas torrenciais de um tufão provocado pelo buraco na camada de ozônio com a mesma facilidade com que um crítico literário é capaz de detectar as influências de Béla Bartók na prosa de, digamos, Alejo Carpentier. Também sabem diagnosticar as mudanças, ainda que, de um modo geral, quase nunca acertem. Assim como a crítica literária, a crítica da mudança climática organiza congressos, jornadas e encontros de especialistas nos quais, a partir das nove da noite, se bebe um pouco a mais. Cuidado com esses momentos. Quando um crítico da mudança climática bebe demais, cantarola noturnos de Chopin e passa a fitar seu copo de uísque e os cubinhos de gelo, supurando melancolia, como alguém que contempla o oceano corroendo a superfície vulnerável de uma geleira.

A mundança climática nunca se apaixona. Os leitores estão fartos de sentimentalismos e romantismos, e adoram os tipos implacáveis que não se detêm diante de nada e que, apesar dos obstáculos, seguem avançando. E ali está ela, proporcionando estatísticas negativas sem cessar, multiplicando seus efeitos para desmentir qualquer interpretação positiva, fornecendo carniça aos amantes de histórias fortes, sórdidas e desesperadas. Trata-se, ademais, de um romance que jamais termina. Começou com pequenas anedotas, mas, lentamente, passamos a ver que o drama era maior, que estava em todo lugar, estendendo seus tentáculos bem além do óbvio. Se combatem a mudança climática, ela se torna mais forte. Se tentam enganá-la, ela se rebela. Nem mesmo Steven Spielberg poderia filmar esse romance. E, se o fizesse, veríamos populações inteiras olhando pela janela e, por sua expressão, adivinharíamos que se trata de um monstro impossível de ser descrito e do qual entenderíamos apenas o medo que produz, o terror que sugere. Ninguém tentaria fugir porque, vá você para onde for, a mudança climática o encontrará, se meterá dentro de você, violará seus filhos e seus pais, roubará suas economias, destruirá suas propriedades e o converterá naquilo que você é: um ser assustado e temeroso diante da previsão meteorológica.

A mudança climática é uma forma de medo verossímil. Existem outras, e todas são justificadas com argumentos mais ou menos científicos. Um dos luxos de nossa época é que os medos se multiplicam. Nos livros de Asterix e Obelix, o único medo era que o céu caísse sobre a cabeça dos gauleses. É o primeiro prenúncio da mudança climática intimidante. A peculiaridade da mudança climática é que ela intervém em outros medos. Se antes tínhamos medo de morrer ou de ficar arruinados, agora sofisticamos esses temores e pensamos que morreremos de sede e ficaremos arruinados porque as secas e os tufões acabarão com nossas propriedades. Há imagens que confirmam tudo isso: Nova Orleans, Birmânia. A televisão estará sempre presente para colher todas as imagens que, devidamente manipuladas, alimentarão a indústria do terror meio ambiental. Isso tem justificativa? Mas é claro. Em nome da divulgação e da pedagogia são ditas muitíssimas verdades, porém, além disso, elas são empanadas com a farinha de rosca dos interesses. Como é possível assustar uma população já cética e desconfiada? Exagerando ainda mais e, com o talento de um Stephen King, fazendo com que os sintomas de alarme se colem nas fendas menos perceptíveis do cotidiano.

Certa manhã, Gregor Samsa acordará metamorfoseado em uma enorme barata que, em vez de refletir sobre sua mutação existencial, pensará que é o produto de uma mudança meio ambiental. Proust irá se deitar bem cedo porque o tempo perdido desfilará pela janela em forma de ciclone ou desertificação. Thomas Mann não encontrará lugar em nenhum balneário porque alguém terá descoberto que as águas termais são, no fundo, insalubres.

A mudança climática é, além de uma certeza, uma indústria. Funciona seguindo os caprichos da oferta e da procura e logo poderá estar cotada na bolsa. Seu mercado é infinito, já que todos necessitamos consumi-la, concordar com seus encantos para nos sentir culpados e arrastar uma consciência pesada que nos transforme em contribuintes dóceis, votantes disciplinados, pais e maridos exemplares.

Às vezes, quando aumenta o temporal de notícias catastróficas, saio à rua e passeio por aí. Vejo as árvores, o sol, o céu azul e começo a suar, que é o que sempre fazemos no Mediterrâneo. Vejo uma menina tomando um sorvete, uma mulher vaidosa de pernas bonitas e um adolescente colocando à prova o equilíbrio de seu skate. Recordo que, há anos, o sol era sinônimo de alegria. Todos queríamos que fizesse sol e o relacionávamos com praias, festas até a madrugada e banhos à luz da lua. Agora o sol é um inimigo, uma vez que nos recorda dos erros meio ambientais cometidos. A chuva, que sempre foi considerada um embaraço e um obstáculo à vida neste rincão do planeta, tem cada vez mais prestígio. Chantageados pelas mensagens dos agourentos e pregadores, cada vez que chove, em vez de nos enfadarmos, aplaudimos e consultamos, pela internet, o nível das represas. Assim, pois, antes que ser um amante do sol se transforme em crime, quero dizer mais uma vez em voz bem alta: o tempo bom me encanta, o sol, o calor e o clima mediterrâneo.

Sergi Pàmies (1960, Paris)

chegou a Barcelona em 1971. Colabora com diversos suplementos e revistas culturais, trabalha como tradutor e é autor de numerosos relatos e romances. Escreve em catalão. Seu volume de relatos La gran novela sobre Barcelona foi um êxito internacional.

Tradução: Marcelo Backes
Copyright: Süddeutsche Zeitung

29 dezembro 2011

Pablo Neruda - Ode à tipografia


Ilustrações: divulgação



Tradução: F. Füllgraf




Letras amplas, severas,
verticais,
feitas
de linha pura,
erguidas
como o mastro
do navio
no meio
da página
cheia
de confusão e turbulência,
Bodonis
algébricos,
letras
cabais,
finas
como lebréis,
submetidas
ao retângulo branco
da geometria,
vogais
elzevires
cunhadas
no miúdo aço
da oficina junto à água,
em Flandres, no norte
traçado por canais,
cifras
da âncora
caracteres de Aldus,
firmes como
a estatura
marinha
de Veneza
em cujas águas-mães
como vela
inclinada,
navega a cursiva
curvando o alfabeto:
o ar
dos descobridores
oceânicos
agachou
para sempre o perfil da escritura.
Desde
as mãos medievais
avançou até teus olhos
este
N
este 8
duplo
este
J
este
R
de rei e de rocio.
Ali
se lavraram
como se fossem
dentes, unhas,
metálicos martelos
do idioma.
Golpearam cada letra,
erigiram-na
pequena estátua negra
na alvura,
pétala
do pensamento que tomava forma
do caudaloso rio
e que ao mar dos povos navegava
com todo
o alfabeto
iluminando
a desembocadura.
O coração, os olhos
dos homens
se encheram de letras,
de mensagens,
de palavras,
e o vento passageiro
ou permanente
levantou livros
loucos
ou sagrados.
Debaixo
das novas pirâmides escritas
a letra
estava viva,
o alfabeto ardendo,
as vogais,
as consoantes como
flores curvas.
Os olhos
do papel, os que miraram
nos homens
buscando
seus presentes, 
sua história, seus amores,
estendendo
o tesouro
acumulado,
espargindo prontamente
a lentidão da sabedoria
sobre a mesa
como um baralho,
todo
o húmus
secreto
dos séculos
o canto, a memória,
a revolta,
a parábola cega,
pronto
foram
fecundidade,
celeiro,
letras,
letras
que caminharam
e se acenderam
letras
que navegaram
e venceram,
letras
que despertaram
e subiram,
letras
que libertaram,
letras
em forma de pomba
que voaram,
letras
vermelhas sobre a neve,
pontuações,
caminhos,
edifícios
de letras
e Villon e Bercéo,
trovadores
da memória
apenas
escrita sobre o couro
e também sobre o tambor
da batalha,
chegaram
à espaçosa nave
dos livros,
à tipografia
navegante.




Mas
a letra
não foi só beleza, 
e sim, vida,
foi paz para o soldado,
baixou às soledades
da mina
e o mineiro
leu
o panfleto duro
e clandestino,
ocultou-o nos recônditos
do segredo
coração
e acima
sobre a terra,
foi outro
e outra
foi sua palavra.
A letra
foi a mãe
das novas bandeiras,
as letras
procriaram,
as estrelas
terrestres
e o canto, o hino ardente
que reúne
aos povos
de
uma
letra
agregada
a outra
letra
e a outra
de povo em povo foi sobrelevando
sua autoridade sonora
e cresceu na garganta dos homens
até impor a claridade do canto.


Mas
tipografia,
deixe-me
celebrar-te
na pureza
de teus
puros perfis,
na redoma
da letra
O,
no viçoso
alguidar
do
Y,
no
Q
de Quevedo
(como poderia passar
minha poesia
em frente dessa letra
sem sentir o antigo arrepio
do sábio moribundo?),
à açucena
multi
multiplicada
do
V
de vitória,
no
E
escalonado
para subir ao céu,
no
Z
com seu rosto de raio,
no P
alaranjado.


Amor,
amo
as letras
de teu cabelo,
o
U
de teu olhar,
os
S
de tuas curvas.




Nas folhas
da jovem primavera
refulge o alfabeto
diamantino,
as esmeraldas
escrevem teu nome
com iniciais frescas do rocio.


Meu amor,
tua cabeleira profunda
como selva ou dicionário
me cobre
com sua totalidade
de idioma
vermelho.
Em tudo,
no estalão
do verme
se lê,
na rosa se lê,
as raízes
estão cheias de letras
retorcidas
pela umidade do bosque
e no céu
de Isla Negra, à noite,
leio,
leio
no firmamento frio
da costa,
intenso,
diáfano de formosura,
despregado,
com estrelas capitais
e minúsculas
e exclamações
de diamante gelado,
leio, leio
na noite do Chile
austral, perdido
nas celestes solitudes
do firmamento,
como em um livro
leio
todas
as aventuras
e na erva
leio,
leio
a verde, a arenosa
tipografia
da terra agreste,
leio
os navios, os rostos
e as mãos,
leio
em teu coração
onde
vivem
entrelaçados
a inicial
provinciana
de teu nome
e
o arrecife
de meus sobrenomes.


Leio
tua fronte,
leio
teu cabelo
e no jasmim
as letras
escondidas
elevam
a incessante
primavera
até que eu decifro
a enterrada
pontuação
da papoula
e a letra
escarlate
do estio:
são as exatas flores do meu canto.


Contudo
quando
desfralda
seus rosais
a escritura,
a letra
sua essencial
jardinaria,
quando lês
as velhas e as novas
palavras, as verdades
e as explorações,
te peço
um pensamento
para quem as ordena
e as levanta,
para o que separa
o tipo,
para o linotipista
com sua lâmpada
como um piloto
sobre
as ondas da linguagem
ordenando
os ventos na espuma,
a sombra e as estrelas
no livro:
o homem
e o aço
uma vez mais reunidos
contra as asas noturnas
do mistério,
navegando,
hora dando,
compondo.


Tipografia,
sou
apenas um poeta
e és
o florido
jogo da razão,
o movimento
do cerzir
da inteligência.
Não descansas
de noite
nem no inverno
circulas
nas veias
de nossa anatomia
e se dormes
voando
durante
alguma noite ou greve
ou fadiga ou ruptura
de linotipia
baixas de novo ao livro
ou ao jornal
como nuvem
de pássaros ao ninho.
Regressas
ao sistema
à ordem
inapelável
da inteligência.


Letras
continuai caindo
como precisa chuva
em meu caminho.
Letras de tudo
o que vive
e morre,
letras de luz, de lua,
de silêncio,
de água,
amo-vos,
e em vós
recolho
não apenas pensamento
e o combate,
mas também vossos vestidos,
sentidos
e sonoridades:
A

de gloriosa aveia,
T
de trigo y de torre
e
M
como teu nome
de maçã.





Ilustração: Obvious_mag

Frederico Füllgraf - Goethe e as folhas da Ginkgo




O poema “Gingo biloba”, escrito em 1815, foi publicado por Johann Wolfgang von Goethe 
(1749-1832) em sua antologia, 'West-östlicher Divan' (livro Suleika), de 1819, no qual dialoga com o “Divã” do poeta persa, Háfiz. Como fonte de inspiração, serviu-lhe a folha de uma Ginkgo que crescia em Heidelberg, cidade próxima de Frankfurt.

Contemplando a folha bi-lobular da Ginkgo, Goethe a associou à imagem das almas gêmeas, por assim dizer inseparáveis, e dedicou os versos a Marianne von Willemer, uma antiga namorada.

Goethe enviara uma folha de Ginkgo para Marianne, e em 15 de setembro de 1815, no local chamado Gerbermühle, em Frankfurt, fez uma récita do esboço do poema que segue, para Marianne e alguns amigos.

No dia 23 de setembro de 1815, num rapto de romantismo, mostrou a Marianne a Ginkgo que ostentava sua beleza nos jardins do Castelo de Heidelberg. Foi quando se viram pela última vez.


Depois, Goethe finalizou o poema e em 27 de setembro de 1815,enviou-a Marianne  – e caiu no mundo...




Dieses Baums Blatt, der von Osten
Meinem Garten anvertraut,
Gibt geheimen Sinn zu kosten,
Wie's den Wissenden erbaut.

Ist es ein lebendig Wesen,
Das sich in sich selbst getrennt?
Sind es zwei, die sich erlesen,
Dasz man sie als Eines kennt?

Solche Frage zu erwidern,
Fand ich wohl den rechten Sinn:
Fühlst du nicht an meinen Liedern,
Dasz ich Eins und doppelt bin?

Português

(trad. Frederico Füllgraf)


Esta folha da árvore que o Oriente 
ao meu jardim resolveu confiar 
com arcanos sentidos desafia a mente
que ao sábio apraz desvendar.

Será um único ser vivente

que a si mesmo em dois apartou?
Ou será um casal que se juntou
E se vê como um só, como diz a gente? 


E tentando desvendar a misteriosa ciência
Ocorreu-me oportuna confidência:
Se em meus cantos não tens percebido 
Que sou um só, mas também em dois partido?


English


This leaf from a tree in the East,
Has been given to my garden.
It reveals a certain secret,
Which pleases me and thoughtful people.

Does it represent One living creature
Which has divided itself?
Or are these Two, which have decided,
That they should be as One?

To reply to such a Question,
I found the right answer:
Do you notice in my songs and verses
That I am One and Two?

Español


Las hojas de este árbol, que del Oriente
a mi jardín venido, lo adorna ahora,
un arcano sentido tienen, que al sabio
de reflexión le brindan materia obvia.

¿Será este árbol extraño algún ser vivo
que un día en dos mitades se dividiera?
¿O dos seres que tanto se comprendieron,
que fundirse en un solo ser decidieran?

La clave de este enigma tan inquietante
Yo dentro de mí mismo creo haberla hallado:
¿no adivinas tú mismo, por mis canciones,
que soy sencillo y doble como este árbol?

Français


La feuille de cet arbre
Qu'à mon jardin confia l 'Orient
Laisse entrevoir son sens secret
Au sage qui sait s'en saisir.

Serait-ce là un être unique
Qui de lui-même s’est déchiré ?
Ou bien deux qui se sont choisis
Et qui ne veulent être qu’un ?

Répondant à cette question
J’ai percé le sens de l’énigme
Ne sens-tu pas d’après mon chant
Que je suis un et pourtant deux ?


Italiano



La foglia di quest'albero,
venuto dall'oriente al mio giardino,
consente di gustare sensi occulti,
edificando il saggio.

Sarà un essere vivo,
che sé in se medesimo ha spartito?
oppure saran due, che vollero apparire come uno?

Per dare alla domanda una risposta,
il senso giusto trovo:
non senti, nei miei canti,
che sono uno e insieme sono doppio?

Japonês





09 dezembro 2011

Hans Magnus Enzensberger - Discurso de noivado após o jantar

Ilustrações: Heyle, Pascal Renoux


Este eu, um recipiente que
desde que ninguém o abra,
parece compacto, liso
como um Kinder Ovo,
quase apetitoso. Somente lá
no interior está escuro. Quem sabe
o que estará dentro, à tua espera
Obsessões, sem dúvida,
hábitos enferrujados
medos incompreensíveis
truques de segunda mão
desejos infantis.
Que tu a desejes ter
a esta prenda embrulhada
roça o milagre.