09 maio 2010

"Νυστικό αρκούδι δεν χορεύει"

 
"Um urso faminto não dança"
"A starving bear doesn´t dance"
(dito popular na Grécia)

AP Photos: Petros Giannakouris,
Alkis Konstantinidis, Dimitri Messinis

Wendy Guerra - "Havana é meu universo, daqui não saio"

Wendy Guerra

 Wendy Guerra: 'Todos se van' se ha convertido en un 'libro de culto' en Cuba. La escritora no contempla por ahora tomar el camino del exilio, mientras que Leonardo Padura opina que 'por nada del mundo quiere dejar su país'.

Agencias
13/05/2009

AFP/ La Habana. La escritora Wendy Guerra tiene 38 años y dos novelas. Sus libros, que abordan duras realidades cotidianas, no son publicados en la Isla pero circulan al menos de mano en mano.
Guerra no contempla por ahora tomar el camino del exilio, como lo han hecho muchos de sus compatriotas, escritores o no, como lo reseña su novela Todos se van.

    "No me quiero ir de aquí. Quiero a mi país. Mis novelas serán sin duda publicadas en Cuba cuando ya no tengan actualidad", como ocurrió, por ejemplo y sin pretender compararse, con las obras de José Lezama Lima y Virgilio Piñera, cuenta en su apartamento en el barrio de Miramar, en La Habana.
     Todos se van, la primera novela de Guerra publicada en 2006, narra bajo la forma de un diario íntimo el duro recorrido de la pequeña Nieve en una sociedad en "hibernación" que casi todos, de una forma u otra, terminan abandonando.
    "Parece que Todos se van se ha convertido en una suerte de libro de culto en Cuba", donde circula clandestinamente —fotocopiado—, afirma con satisfacción Guerra, una ex actriz cuyos poemas sí fueron publicados en la Isla.
    Su segunda novela, Nunca fui primera dama, que relata la historia de tres generaciones de cubanas, se publicará el próximo mes en Francia.
    Al contrario de Guerra, el escritor Leonardo Padura, de 53 años, puede vanagloriarse de ser publicado en el exterior y en Cuba, donde sus novelas son consideradas "best-sellers", con tiradas de hasta 20.000 ejemplares.
    "Odio la política. No quiero que mis libros sean una tribuna. Lo que me interesa es describir una realidad social, como la corrupción, el exilio o la marginalidad. Por ejemplo, en Pasado perfecto el delincuente central de la novela es un viceministro", afirma Padura, autor de ocho novelas y de ensayos.
    Actualmente da los últimos toques a El hombre que amaba a los perros, un relato esperado en septiembre en España y a principios de 2010 en Francia "sobre el asesinato de Trotsky por Ramón Mercader, quien pasó los últimos cuatro años de su vida en La Habana".
    "Lo que me interesa con ese libro es ver cómo la gran utopía del siglo XX desapareció", dice Padura, a quien le cambió radicalmente la "visión del mundo" la caída de la Unión Soviética en 1991, que sumió a Cuba en una profunda crisis económica.
    Aun cuando las esperanzas de cambios suscitadas por la llegada de Raúl Castro al poder en julio de 2006 "cayeron" y volvió el "desencanto", según opina, por nada del mundo quiere dejar su país, "personaje principal" de sus novelas.
    Asegura no haber tenido nunca problemas en la Isla como escritor. "Solo como periodista", confiesa, agregando que los medios oficiales "no existen para describir la realidad o alimentar la reflexión social", sino para ser instrumentos de "propaganda".
    Wendy Guerra también rechaza la política, pero es difícil escapar de ella, sobre todo en Cuba. "Todo es política. Para escapar de la política, hay que salir de Cuba, decía mi madre", una periodista "hippie" ya fallecida, afirma.
    Cuba es "una tierra rodeada de agua y de silencio", resume la escritora, con una sonrisa. 


In:  http://www.cubaencuentro.com/es/cultura/noticias/wendy-guerra-todos-se-van-se-ha-convertido-en-un-libro-de-culto-en-cuba-178059

Blog Wendy Guerra: http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/habaname/

(nus para Interviú, Espanha)

Wendy Guerra - "Todos se van"


"Alguien pisó la imagen del Che en una exposición a la que fui esta noche. Alguien fue llevado preso por pisar una imagen del Che en el suelo de una galería de arte. ...

    Siempre paso caminando de prisa por La Rampa, caminando sobre las cerámicas del suelo, todos los días miles de personas pisan las obras de Wifredo Lam y Martínez Pedro, pero no es lo mismo. Mienten. El arte y la política son diferentes. Nadie puede pisar la imagen de un héroe. No se se fue un performance, la obra estaba allí y en la confusión alguien se sintió dueño de lo que nos dijeron que era nuestro karma para toda la vida y caminó sobre ello y se vio como una vejación. Si estaba en el suelo y alguien caminó con naturalidad sobre algo que es como el cimiento de todo lo que nos ha sucedido, puede verse hermoso, normal. Si fuera una catarsis, seguro que lo entendería. El Che es lo cotidiano, como de todos los días en todas las casas de este país. Su asma y su locura, su alma suicida. Todo lo que dijo y todo lo que rompió con su irreverencia no significan ni la milésima parte de pisar su imagen. ¿Cuántas cosas transgredió él? Alguien puso su pie bajo la imagen de "El guerrillero heroico", camino firme sobre todo lo prohibido y se acabo el mundo por aquí. La galería está cerrada. Claro, está de moda cerrar las galerías. Que lastima." (237-238)
Todos se van, Wendy Guerra (Barcelona: Bruguera, 2006)

Livros de Wendy Guerra:

Poesia
Platea a oscuras, 1987
Cabeza rapada, 1996.
Ropa interior, 2008.



Romances

Posar desnuda en La Habana. Diario apócrifo de Anais Nin (2000)
Todos se van (Barcelona: Bruguera, 2006 (Prêmio Melhor Romance)
Nunca fui primera dama, Barcelona: Bruguera, 2008.

03 maio 2010

Frederico Füllgraf - Por uma vaca e um celular

(Miles yrus, Naked)

Conto


Uma denúncia anônima chegou ao Conselho Tutelar. A Vara de Infância e da Juventude é acionada. Até a conclusão das investigações, a guarda da menina é passada à avó materna e uma irmã mais velha; casada. Por determinação da juíza, a menor é submetida a exames psicológicos. O delegado que investiga o caso dispara o texto da lei: é delito “prometer ou efetivar a entrega de filho ou pupilo a terceiro, mediante paga ou recompensa”.


     A menina está muito perturbada, chora com medo da prisão do pai. E do “protetor“ também. Parece não entender o que fez de errado. Parece. Terá sido "o efeito Anita“ ? Em sua memória confundida, re-pesca as imagens da novela das oito, que assistia com o “tio”: a lolita Mel Lisboa refestelando-se na cama com o quarentão paternal, o seio direito desnudo, as coxas mal escondendo seu delta de Vênus em broto.


     A negociação entre os dois homens teria ocorrido há meio ano, mas os vizinhos, o pai-arrendatário e o fazendeiro-“protetor”, negam as acusações. Admitem, contudo, certa “querença” entre a menina e o último. Malicioso, o policial constata que o vizinho e a menina viviam juntos, mas não tem certeza se ocorreu ou não a venda - Venda?


     A televisão ligada na sala, marido e mulher acusam-se mutuamente na cozinha. Essa moda de criança usar saltinho e batom, foi tu que incentivou, mulher! A esposa se defende: às vezes eu acho que de tanta novela e propaganda de sem-vergonhice, as regra dela chegaram mais cedo...


     A psicóloga vara a noite em vigília, depois esparrama seus achados sobre a escrivaninha do promotor. Desembesta erudição: A Lolita de Vladimir Nabokov, a menina de 12 anos, e figura central do célebre romance de 1955, desfila uma sensualidade tão ambígua quanto o próprio corpo, que exibe os primeiros contornos de mulher. Essa ambigüidade atiça a caça romântica, assume as formas e o sabor de um fruto proibido...


     O promotor se ajeita na cadeira desconfortável, desdenha o significado metafórico do fruto: “toda proibição é ponto de partida para uma acusação!” A psicóloga não perde a elegância, abrindo o livro na página com os destaques de marca-texto fosforescente: “O amante sente-se atraído por uma combinação de sinais que incluem juventude, saúde perfeita, hormônios em plena atividade, seios, pêlos e curvas em floração. Além de exibir tais atributos, a lolita alimenta clássicas fantasias masculinas..”.


     O promotor volta a aboletar-se: virgindade violada, eis o argüitivo! Pitonisa incorporada, a psicóloga instiga: “Sem dúvida, que entre o amante e a ninfeta, tudo é fogo. Sensações à flor da pele superam cautelas. A paixão então se estabelece, nublando a capacidade de julgamento do homem, como previu o filósofo espanhol Ortega y Gasset...” - Filósofo safado, esse! - corta o promotor, acende um cigarro e deixa a sala.


     Treteiro, o fazendeiro tenta desconversar. Diz: o inferno era a menina! Ele não conseguia desgrudar os olhos dela, serpejando lascivamente seu corpinho de menina-mulher na varanda da meia-água. O rádio ligado na cozinha tocava uma daquelas guarânias erotizantes de uma dupla neo-caipira travestida de caubói americano - Quando ela passa ninguém fica parado Tem sabor de pecado os seus lábios de mel...


     Estava parado no pátio, protegido pela sombra da única aroeira remanescente e acompanhou o olhar dela, fingindo apreensão por algum detalhe amoitado no plano geral do campo da fazenda, Uma brisa preguiçosa acariciava a plantação de soja verde-chamejante, e os movimentos tansos dos poucos animais no pasto conferiam letargo ao início da tarde; languidez que o fez mergulhar na lembrança da primeira vez – o corpo dela montando suas pernas, o beijo na boca de lábios leitoados, lambiscando seus mamilos de ninfa pubescente, suas mãos redesenhando a calipígia precoce, a bunda bem-criada, roçando seu ventre...


     Ao som de Latino, os requebros da menina esboçaram um sorriso debochado no canto esquerdo da boca dele. Conhecia aquelas coreografias televisivas dos programas de estúdio dominicais, transmitidos por canais concorrentes, mas todos muito iguais. Todos os domingos, milhões de meninas, moças e mulheres acompanhavam pasmadas o bailareco das saltatrizes no titeriteio dos estúdios de TV, invejando-lhes a glória de um close da câmera, capaz de catapultá-las para a tão sonhada carreira, decantada pelas revistas nas bancas de jornal.


     Não ouviu os passos do homem que se aproximava por trás e assustou-se quando o compadre deu-lhe as palmadinhas costumeiras no ombro. O outro chasqueou um sorriso treteiro ao recolher seu olhar da área de onde a filha se esgueirava para a cozinha, e onde recebeu a ordem para preparar o chimarrão. Alapados à sombra da velha aroeira, os dois homens acepilharam causos dos últimos dias com prosa cúmplice, dividindo mates na ponta da bombilha. Foi quando o patrão cortou da orilha para o olho d´água, assuntando que entre ele e a menina tinha desabrochado uma benquerença.


     Abismado, o outro soltou a cuia e levantou-se feito bagual, com a mão direita apajeando o facão. Só voltou a acocorar-se quando o patrão acenou com um negócio, porque entre compadre não tem engabelação. Floreou as palavras, propondo-lhe uma justa compensação: ofereceu-lhe a vaca leiteira, o aparelho de som e o telefone celular. Em troca, ficaria com a proteção da menina.


     Amancebaram-se, então?! - rosna o delegado. No início do conúbio, diz o pai, ele teria resistido, pois a menina tinha apenas 12 anos, depois, contudo, ficara cediço, adomado pela situação...


     Não havendo flagrante, só resta ao delegado enquadrar o fazendeiro em crime de “estupro presumido”; qualificação de violência para casos de menores de catorze anos. A caminho de casa, estaciona o carro em frente à locadora de vídeo. Pede “Menina Bonita” e, de volta ao volante, enquanto desvia o tráfego, pergunta-se, intrigado, por que sente a incômoda atração pela estonteante Brooke Shields, no papel da prostituta infantil do filme, mal tinha ela treze aninhos.


Sue Lyon no papel de Dolores Haze, em "Lolita", de Stanley Kubrick (1962)

29 abril 2010

Frederico Füllgraf - Patagônia, começo e fim de mundo (2)

  


Crônica de viagem

Finnis Terre!

Debaixo das asas do avião, o continente sul-americano vai adelgaçando até o encontro do Atlântico e da Cordilheira, na Terra do Fogo; encontro que provoca o grande choque dos elementos.

Em Ushuaia o tempo pode mudar oito vezes ao dia. Terra de extremos, a Patagônia fueguina só conseguiu atrair e fixar a colonização européia no final do séc. 19. Até lá, o fim do mundo estava na lista negra da Igreja e da antropologia etnocêntricas. Conta-se que após a divulgação da descoberta por Fernão de Magalhães do estreito que leva o seu nome, a Igreja em Roma proscreveu os índios fueguinos, pois homens que viviam numa terra onde as árvores cresciam "para baixo" e a chuva e a neve caíam "para cima" (o “mapa mundi” invertido na cabeça dos clérigos, tão criativamente ironizado no mapa "de pernas para o ar", do artista uruguaio, José Torres-Garcia) não poderiam, em hipótese alguma, ser admitidos como descendentes dos primeiros pecadores, Adão e Eva – provavelmente sequer tinham alma... O reforço desta maldição veio pela boca de Sir Charles Darwin, autor da frase sem nenhum rigor científico, e por isso tristemente famosa: "A maldição e a esterilidade pesam sobre este país, e a água que desliza sobre seu leito de pedras, é parte da mesma maldição".


Ushuaia é cenário de experiências que vão da surpresa ao grotesco, passando pelo desconcertante. Por acaso existe experiência mais hilariante que chegar ao próprio “fim do mundo”? E lá este ele, sinalizado em todas as esquinas: Café do Fim do Mundo, World's End - a boutique do fim do mundo, o Museu do Fim do Mundo, o amor feito no fim do Mundo... Desconcertante não é apenas esta permanente simultaneidade da gênese e do apocalipse do espaço continental, planetário, mas também da concomitância dos tempos, onde convivem a paisagem mesozóica com o Cyber-Café.


Uma atração risível são as casas de Ushuaia: imensas casinhas-de-boneca de latão colorido, desafiando o céu, quase sempre encoberto. Exibem influências de estilo britânico e italiano, que o viajante já conhece da Boca, em Buenos Aires. As mais antigas, são construídas em madeira, com isolamento externo de latão, liso. Suas paredes internas são de madeira, isolada com papel de jornal, e coberta com papel de parede. Revelação insólita: a explosão demográfica ocorre até no fim do mundo. O "Plano de Promoção" do governo argentino, que na década de 70 atraiu dezenas de indústrias (desativadas após a extinção dos incentivos fiscais dos anos 90), fez Ushuaia inchar de 5.600 para 29.500 habitantes.

A (suposta) cela de Gardel

Na Prisão do Fim do Mundo, pécie de "Alcatraz finnis terre", construída pelos próprios prisioneiros no início do século 20, desativada na década dos anos 40, e reciclada como museu vivo, testemunhei a morte cruel dos meus dois maiores heróis argentinos: Eva Perón e Carlos Gardel. Primeiro, porque Alan Parker e Madonna assassinaram "Evita" no "Cine del Fin del Mundo", uma gigantesca tenda metálica intra-muros da ex-penitenciária, parecida com as cabanas das bases científicas da Antártida. Quando Evita-Madonna, apelou, moribunda, "Não chores por mim, Argentina", o público respondeu com desdém, e subitamente a maldição de Darwin parecia virar-se contra o próprio "império do mal"; o britânico... Depois, uma placa espúria (mas genuinamente argentina) fulminaria Gardel à entrada de um cubículo úmido e escuro, com a seguinte insinuação: "¿Uruguayo o francés ? ¿ Estuvo o no, preso en esta cárcel ?"

Era tarde demais para sussurrar "No habrá pena ni olvido": minha imagem de Carlitos jazia no chão de paralelepípedos puídos pela História. Aproximei-me do infame sumário e li boquiaberto: entre as versões sobre os motivos da prisão de Gardel em Ushuaia, constam "envolvimento com mulheres, política e alcagüetagem", confusões que culminaram em tiroteio. Daí, sua prisão no fim do mundo. E lá, sua redenção. Na prisão, Gardel reinventou-se como payador (milongueiro gauchesco) antes de decolar sua carreira de tanguero e ter as Américas a seus pés. Autos, sentenças e prontuários enviados de Ushuaia a Buenos Aires, "perderam-se" nos porões da antiga Penitenciária, na esquina das avenidas Coronel Díaz e Las Heras, em tempo para evitar embaraços à carreira de Gardel. Aliás, Charles Romuald Gardés: ídolo nacional argentino, nascido no Uruguai, de pai supostamente francês, e morto em acidente aéreo na Colômbia. Assim é Ushuaia: o fim do mundo é um demolidor de mitos - ou será que ele é seu arquiteto, dando-lhes corpo e sabor?


Na "Estação do Fim do Mundo", em Ushuaia, sobe-se a bordo do trenzinho com a bitola mais estreita ainda que a do "Viejo Expreso Patagónico", de Esquel, e durante uma hora passeia-se por um cenário hilariante: um século atrás, a floresta austral foi derrubada pelos prisioneiros para a construção da penitenciária e das primeiras casas de Ushuaia. "O que não foi derrubado, foi queimado pelas fagulhas do próprio trem", explica, resignado, o guia turístico. Depois, o último trecho do parque é feito por ônibus, que faz uma parada como se fosse para alardear um "SOS Mata Fueguina!". Ansiosa em re-povoar suas florestas do fim do mundo com fauna de clima frio, no princípio do séc. 20 a Argentina precipitou-se, comprando gato por lebre: importou castores norte-americanos, que não encontrando seu predador natural - o puma ou jaguar pardo, virtualmente extinto - estão devastando o bosque austral com sua fúria de construtores de diques, para isso juntando toras e galhada, onde alojam suas tocas. Desinteressados, até mesmo os zorros, os cachorros do mato patagônicos, pelos simpáticos e aplicados roedores, não restará outra alternativa à autoridade finismundi, que declarar aberta a temporada de caça ao castor, transformando-a em insólita mas incontestável atração eco-turística internacional: "Mate um castor, salve a floresta e ganhe o Troféu Finisterre!" – é o fim do mundo! ...


Última parada antes do transbordo para um barco na Bahia de Lapataia, um lago provoca um choque estético. Recortado de sonhos, emergindo dos labirintos do inconsciente, lá está o perfeito cartão postal hiperreal, imobilizando a imaginação: o Lago Roca.

O farol de Jules Verne

A esta altura, chegamos ao Canal de Beagle, e nevegá-lo significa experimentar outra emoção desconhecida. Escoltado à direita e à esquerda pelas últimas formações montanhosas do continente, o Beagle acompanha a Cordilheira dos Andes até sua morte no mar. Morte é uma palavra que ganha muito sentido neste lugar, pois muito sangue juntou-se às águas de cor esmeralda do Canal desde que o homem branco aportou por aqui, 120 anos atrás. A cultura dos índios-canoeiros, Ona, extinguiu-se em menos de duas gerações, porque a Europa depredou sua principal dieta alimentar; os leões marinhos. Destroços e fotos de navios baleeiros, no Museu do Fim do Mundo, também documentam um dos capítulos mais sinistros do saque biológico das Américas pela Europa: a caça inclemente e economicamente burra à Baleia Franca Austral.



Na saída do Canal de Beagle para o nada, está Les Eclaireurs, o "farol da luz no fim do mundo". Como Jules Verne nunca freqüentou estas derradeiras paragens, sua novela "O Farol do fim do Mundo" certamente se inpirou no relato de algum marinheiro viajado. Les Eclaireurs é o ícone da solidão. Silêncio e solidão são os grandes aprendizados da alma do viajante neste fim de mundo. E o silêncio e aquele desconcertante sentimento de pertença ancestral, são os temas do romance Mundo del Fin del Mundo, do chileno Luis Sepúlveda, cujo personagem-narrador traduz a universalidade destes sentimentos, nada boçais, apenas demasiadamente humanos, quando escreve:


"Agora eu sentia que eu também era de algum lugar. Finalmente sentia o chamado mais poderoso que o convite da tribo; este, que a gente ouve ou crê escutar, ou o inventa, como paliativo da solidão (...) Sob a abóbada de milhares de estrelas, que testemunhavam a frágil e efêmera existência humana, eu soube, finalmente, que era dali, e que ... levaria sempre comigo os elementos daquela paz, terrível e violenta, precursora de todos os milagres e de todas as catástrofes. Naquela noite, sentado no convés do Finisterre, chorei sem dar-me conta. Não era pelas baleias. Chorei, porque estava de novo em casa (...).


Gauchito Gil, Defunta Correa e as árvores petrificadas

 Na estrada rumo a Esquel é possível ter um encontro intrigante, não marcado, com um ícone da religiosidade popular. Plantado desafiadoramente em pleno deserto, está um misto de altar e oratório, composto por capelinhas de madeira, de cor vermelha, e cheias de votos (garrafas d'água, velas, ervas), ladeadas por três bandeirolas fincadas no chão, de trapos esgarçados pelo vento, também vermelhos, e uma cruz com uma tabuleta - sempre vermelhas - ofertados ao "Gauchito Gil", a quem seus devotos pedem proteção. Minha cabeça tenta entender, mas o resto do meu corpo apenas sente. E eis a dúvida: será mesmo uma forte energia que emana deste lugar sincrético, ou é a imensa solidão que me invade sob forma de percepção "religiosa"? É uma experiência que evoca imediata associação aos surtos místicos descritos por Isabelle Eberhardt, a filha de Rimbaud, enquanto atravessava o Magreb, montada em corcovas de camelo, travestida de homem. Já este culto patagônico originou-se em Cuyo, noroeste da Argentina, em homenagem à "Defunta Correa". Segundo a lenda que a declara santa, a personagem teria conseguido amamentar seu filho durante vários dias após sua morte por sede, no deserto.


Em Sarmiento, no coração do deserto, 130 milhões de anos do planeta Terra parecem codificados no "Bosque Petrificado", localizado à entrada do tenebroso (sim, ensolarado, mas tenebroso!) "Vale da Lua". Gravado a cores em estratificações de idade geológica embasbacante, um inquietante criptograma de arenito e rocha magmática apresenta-se aos olhos assombrados. Este contato com os proto-elementos, sua pétrea beleza e a incomensurabilidade do tempo, potenciam o estupor psicológico, experimentado no contato com o silêncio do deserto. Feito peixes fora d´água, agonizantes, troncos jurássicos estraçalhados pelas intempéries, jazem no chão de cinza vulcânica. Sua escamação quer indicar que só agora ingressaram em estágio de demorada morte mineral, até sua pulverização. Na saída do Vale são quase nove horas da noite: sol de fogo, a oeste, e lua pálida de susto, a leste, surpreendem-se, cara a cara – o espetáculo é ambivalente, mas a alma entrega-se a ambos.


Um cavalo heróico, e um escritor mentiroso

 
Etta Place, bela e bandida


Esquel é a porta de entrada do Parque Nacional de los Alerces, a poucos quilômetros de Trevelin, o bastião avançado da colonização galesa ao pé dos Andes. Aqui é fácil entender uma antiga, mas falsa indignação do Chile. Foi graças a um plebiscito realizado entre os galeses, no final do séc. 19, que toda esta região, povoada, sobretudo, por índios araucanos, do Chile, que fugiram à expansão do império Inca, atravessando os Andes, foi incorporada à Argentina, depois de espertamente "anexada" por estancieiros chilenos, que seguiam as pegadas dos nativos exilados. Só mediante a convocação de uma comissão internacional de arbitragem é que o Chile reconheceu finalmente que as terras argentinas eram as que se localizavam a leste das nascentes andinas, correspondendo-lhe apenas as localizadas a oeste, na face do Pacífico.


Mas a atração imperdível de Trevelin é a "Tumba do Cavalo Malacara". Sepultado ao lado de seu dono, o pioneiro galês, John Daniel Evans, a quem serviu durante trinta anos, o Malacara é venerado como atração turística por Clery Evans, neta do pioneiro. Recebendo seus visitantes na casa do avô, transformada em museu particular, Clery reconstitui o drama dos quatro bravos galeses, que em 1879 cavalgaram de Rawson, na costa atlântica, até os Andes, e que na volta foram emboscados por índios, que os confundiram com soldados do Gen. Roca. O único que se salvara foi John D. Evans, porque o Malacara teve a audácia de saltar de um precipício com quase 20m de altura e escapar – vivo!. Inteirado da morte dos três companheiros de Evans, o cacique Tehuelche veio ter com Evans, desculpar-se. Só depois deste incidente o governo argentino enviou seu primeiro destacamento militar aos Andes, e deu posse de terra, até então “chilena”, aos galeses. Moral da estória: não fosse um cavalo, e o mapa da América do Sul teria outro traçado.


Outra nota de rodapé da História, desta vez do crime, foi escrita em Cholila, povoado do setor nordeste do parque. Há lá uma atração só recentemente incorporada aos roteiros turísticos, da qual anteriormente o país preferia não vangloriar-se: uma cabana que de 1901 a 1907 serviu como sede da fazenda comprada pelo "Wild Bunch", o quarteto mais procurado pela justiça norte-americana na virada do séc. 19. Após memoráveis assaltos a trens e bancos, nos EUA, Robert Parker (aliás Butch Cassidy), Harry Longabaugh (aliás Sundance Kid, já imortalizado por Robert Redford), e a bela pistoleira, digo professora, Etha (Ethel) Place, fugiram para a Argentina, fixando-se em Cholila. Harvey Logan, o quarto elemento do bando, ainda cumpria pena nos EUA, chegando a Cholila somente em 1905.


Afirma-se que com a chegada de Logan o bando retomara sua trajetória criminosa, assaltando bancos no sul da Patagônia. Num desses assaltos, Logan teria baleado mortalmente o gerente de um banco, violando o código de ética da quadrilha, que rejeitava mortes. E este teria sido o fim do breve interregno de paz do Wild Bunch, que novamente caçado, teria cruzado a Cordilheira dos Andes, em direção ao Chile, onde suas pistas foram engolidas, em 1907. O ex-general boliviano, René Barrientos, matador de Che Guevara e estudioso obsessivo do gênero western, mas descrente da lenda, segundo a qual o bando teria sido morto em 1909, durante um assalto à mina de zinco San Vicente, na Bolívia, realizou uma investigação que confirmaria as suspeitas da agência de detetives, Pinkerton, dos EUA: "foi tudo armação!", afirma Barrientos. Segundo Pinkerton e Barrientos, pelo menos Cassidy, e antes dele, Etha Place, teriam conseguido salvar sua pele, retornando clandestinamente aos EUA. Ainda segundo a irmã de Cassidy, viveram incólumes, e suas carreiras tiveram um happy end.


Mas esta é apenas uma de várias versões desencontradas, cujo objetivo é pintar o ocaso da quadrilha com vernizes de glamurização. No início do novo milênio, estudiosos da aventura de Cassidy e do Sundance Kid, reuniram-se em barulhento congresso internacional, no sul da Patagônia. E nesta oportunidade fizeram um enérgico acerto de contas com o finado Chawin, ao qual, segundo o pesquisador Negro Suárez, "a única coisa que lhe importava ao escrever era que sua estória fosse eficaz”. Juárez confirma que aqueles túmulos encontrados em Río Pico, não são, como afirmou Chatwin, as tumbas de Butch e Sundance. Como de resto, aliás, Chatwin tomou ousadas liberdades poéticas, estacionando na paisagem patagônica múltiplos objetos de sua imaginação.


El Viejo Expreso Patagonico


 Romantismo à la "velho oeste", aqui superado pela paisagem jurássica e selvagem do deserto de Chubut, é o que proporciona uma viagem com seis horas de duração a bordo do "Viejo Expreso Patagonico". Os Guanacos da planície parecem divertir-se com sua passagem, aguardando o trem à beira dos trilhos, para então dispararem em debandada, quando ele se aproxima, tossindo vapor e cuspindo fumaça negra. Hoje, o que resta da lendária estrada-de-ferro de 450 km, que servia de meio de transporte entre as fazendas dos criadores de ovelhas, no oeste patagônio e a costa atlântica, é o trecho de 165 km, entre Esquel e El Maitén. Uma vez por semana, e para o deleite de turistas de todo o mundo, "La Trochita" (assim chamado devido à sua bitolinha de 0,75cm de largura) arrasta-se ofegante durante seis horas pela mais árida e instigante paisagem patagonica. Suas locomotivas belgas ou norte-americanas, da década dos anos 20 (as velhas Henschel alemãs foram aposentadas no "cemitério de trens", o ramal morto de El Maiten), consomem 2 mil litros de água por cada 40 km rodados, o que obriga a Trochita a fazer quatro paradas de reabastecimento no trajeto.


Impulsionado pelos ventos neoliberais, do quanto menos Estado, melhor, o Governo Menem tentara paralisar a linha, "defitária", mas os bravos ferroviários patagônicos se rebelaram, assumindo o serviço em regime de auto-gestão, no que foram aplaudidos por turistas dos quatro cantos do planeta, e pelos paysanos que dele necessitam para se locomoverem na paisagem.


Parque de los Alerces

As árvores, que dão o nome ao Parque Nacional de los Alerces. de 263 mil hectares, localizado entre Esquel eBariloche, chegam a atingir 3,5m de diâmetro, 60 m de altura, e idades superiores aos 3 mil anos. Sua concentração maior é no Lago Menéndez, podendo-se, porém, abraçar exemplares isolados às margens do Lago Futalaufquen, o primeiro a ser alcançado por quem vem de Esquel. Os dois mencionados, são os maiores e mais bonitos de um complexo sistema lagunar, que forma o Rio Futaleufu em plena Cordilheria dos Andes. Este atravessa a cordilheira em sentido leste-oeste e desemboca no Oceano Pacífico, aqui tão próximo quanto o próprio Chile, para o qual conduzem vários pasos através das montanhas.


O Lago Futalaufquen é o mais belo. Encontra-se ao sul do Lago Menéndez, ao qual está ligado pelo Rio Arrayanes. O céu diáfano da Cordilheira e os minerais de seu leito concorrem para a definição de seu matiz azul leitoso. Grande número de enseadas com pequenas praias lastradas de seixos, seduzem para um banho, pelo menos um mergulho em suas águas – é vão o esforço do sol em aquecê-las, pois sua temperatura média, no verão, não ultrapassa os 5 graus centígrados. O Arrayanes encontra-se no braço nordeste do Futalaufquen, o Rio que o visitante cruza sobre uma a ponte pênsil, caminhando no máximo 40 minutos até o Lago Menendez. Após Puerto Chacao, de onde partem os barcos para o tour dos lagos, chega-se ao mirante com a deslumbrante vista para as geleiras do Cerro Torrecillas. Todo o roteiro Trevelin-Expreso Patagonico-Parque Nacional de los Alerces é possível fazer em três, no máximo, quatro dias, com alojamento-base em Esquel, onde o visitante encontrará confortáveis chalés (aqui chamados de cabanãs) de dois pisos, a preços acessíveis.

Os novos donos do fim do mundo

Última etapa andina de um roteiro de mais de 6.500 quilômetros rodados em carro, está o segmento Esquel-El Bolsón-Bariloche, pela RN 258 asfaltada, cujos 280 km bordejados de altas montanhas e lagos, lembram cenários do Vale d'Aosta alpino, entre a Suíça, a Itália e a França. Região de forte tradição indígena, a Bacia do Lago Nahuel Huapi foi ocupada pelo homem branco (espanhóis e alemães, sobretudo) apenas no final do séc. 19. Sua arquitetura e seu paisagismo não conseguem esconder intenções e tentativas de seus colonizadores, em domesticar um cenário andino, impregnando-o com matizes europeus.

As culturas pré-e pós-colombianas aqui não sobrevivem, são apenas lembradas por nomes e marcos tão melodiosos como Nahuel Huapi, "o lago dos Tigres". Misto de Lago Lemans e Tizzino, Lago Garda e Saint Maurice, Bariloche já tosse sufocada sob o impacto dos 500 mil turistas anuais, que para cá são atraídos por paisagens capazes de empalidecer a Europa de inveja, com serviços do topo do ranking de qualidade internacional. Feito mosteiro budista incrustado nas escarpas do Tibet, está o Hotel Llao Llao plantado sobre uma península de frente para o Parque Nacional de Nahuel Huapi. Templo do moderno recondicionamento de habitantes urbanos, endinheirados e estressados de todo o mundo, o Llao Llao não oferece apenas esportes (golf, paddle, caça, pesca, mountain bike, rafting, trekking), mas também os curativos para estas provas de resistência: piscina climatizada, sauna, hidromassagem, banho de vapor com aroma-terapia, oxigenação com creme de ervas, hidratação com soros marinhos, ampolas com frutas e flores, máscaras hidratantes, tonificantes, revitalizantes, remineralizantes, bioreestruturação facial - um programa, enfim, que faz da Cordilheira dos Andes a "nova fonte da juventude".


Eis, pois, a promessa da "vida eterna", que o mega-especulador planetário, George Soros, percebeu como fonte de negócios, adquirindo em torno de 1,0 milhão de hectares, e por tabela o Resort Llao Llao. Condenado à prisão pela Justiça Francesa, e com processo pendente na Corte Européia, acusado de crimes de guerra no Vietnã, no Camboja, e por incentivar os golpes militares no Chile e na Argentina, de 1973 e 1976, outro que se refugia ao pé da Cordilheira, em Bariloche, é o Dr. Henry, aliás Henry Alfred Kissinger, ex-Secretary of State de Nixon. Mas antes de Soros e Kissinger, viera a dinastia Benetton – o maior grupo latifundiário do finis terre - e depois dela chegaram Ted Turner (ex-CNN), e o mega-comprador de terras Douglas Tompkins – todos comprometidos com a “conservação ambiental” da Patagônia. Que Deus lhes cobre, porque

"o Homem destrói, quando acha o que procurava"
(Hans Magnus Enzensberger, escritor e ensaísta alemão)

(Ilustrações: taringa.net; interpatagonia; descubrepatagonia.com/)

24 abril 2010

"A nova arte de construir ruínas" - um olhar sobre Havana

Sobre a Havanomania disse, com uma pitada de bom humor, o escritor e crítico cinematográfico cubano, Juan Antonio García Borrero, Presidente da "Cátedra de Pensamiento Audiovisual Tomás Gutiérrez Alea" (2002): “Reconozco que cuando uno se asoma al Prado, y se fija en la fachada de algunas de esas residencias monumentales, nos queda la impresión de estar en presencia de una mujer que, aunque muy entrada en la tercera edad, todavía nos sugiere lo que fue el poder letal de su capacidad juvenil de seducción. Pero al final, eso no me cura la habanafobia que padezco”.

Desde o final dos anos 80, Havana vem sendo explorada como mito estético na literatura local e no cinema mundial, seja através da obra de Juan José Gutierrez, ou seja nostalgicamente exposta em “Buena Vista Social Club” (2000), de Wim Wenders.

O documentário “La Habana: El arte nuevo de hacer ruinas” (2006), dirigido pelos cineastas alemães, Florian Borchmeyer e Matthias Hentschler, se insinua como retrato das vidas e reflexões de gente forçada a viver e trabalhar em edificações semi-destruidas da capital cubana.

Um escritor, Antonio José Ponte*; um casal de velhos, cuja chácara fora confiscada pela Revolução; o vigia e único habitante-espectador de um teatro abandonado; o encarregado da manutenção de um edifício do início do séc. XX e sua ex-esposa; como também uma jovem que a cada noite adormece atomentada pela fantasia de que venha abaixo o telhado de sua casa, são os personagens que narram suas vidas e falam de seus sonhos ou conflitos gerados pelo entorno em que vivem - as ruinas da cidade de Havana.

Pelo filme, estreado em 2006, os cinestas alemães levaram o Bayerischer Filmpreis (melhor documentário, governo da Baviera), e em 2008 o filme foi agraciado com o prêmio de melhor documentário internacional no III Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México. Em 2006, o filme protagonizaria um episodio que muita gente associou à censura do governo cubano, no Festival de La Habana, mas alguns meses depois foi reprovado pelo Festival de Miami.


*Asiento en las ruínas (Madrid: Renacimiento, 2005): e Un arte de hacer ruinas y otros cuentos (México, Fondo de Cultura Económica, 2005), ee.oo.

O filme:
http://www.lakadena.com/2009/02/la-habana-el-arte-nuevo-de-hacer-ruinas/

"Ruinologia", ou viagem pelos destroços romantizados de Havana


 

Esther Whitfield*

“Artistas versus WalMart” es el título con que El Universal de México introdujo el conflicto que el pasado mes desataron los planes para construir una supertienda cerca de las ruinas de Teotihuacan. “Consideramos que es la responsabilidad incuestionable del Estado preservar el patrimonio artístico de México”, escribió un grupo de intelectuales en una carta pública al presidente Fox; pero al lado de la bóveda símbolo de la globalización, su caso a propósito de las ruinas parece precario. Si bien no menos precario que esas ruinas, cuyo poder para movilizar las ideas tuviera su apogeo con el Romanticismo.



Las ruinas románticas, como las describe Christopher Woodward, son más que la presencia del pasado: son recordatorios humillantes del futuro y de la disminución inevitable de toda gloria: “para los estadistas, las ruinas predicen la caída de los imperios, y para los filósofos, la futilidad de las aspiraciones de los hombres. Para un poeta, la decadencia de un monumento representa la disolución del ego individual en el flujo del Tiempo; para un pintor o arquitecto, los fragmentos de estupenda antigüedad ponen en duda el propósito de su arte”.

Pero, ¿qué poder hace a las ruinas humillarse, y menos aún adoctrinar, en la época de WalMart? ¿Qué son sino presencias para ser acumuladas en el carrito de compras de la experiencia turística, para parafrasear a Dean MacCannell? Me gustaría tomar una posición más esperanzada, sin embargo, y averiguar cómo las ruinas podrían ser reintegradas al presente. La pregunta es tanto política como estética, y la orientaré a través de ruinas bien distantes de las de México, y bien diferentes en cuando a su relación con las corporaciones globales. Largamente protegida de los poderes económicos que querrían acribillar su paisaje con supertiendas, es no obstante la espectacular confrontación de Cuba con el capitalismo la que ha ubicado a las ruinas de La Habana entre las más fotografiadas de la pasada década, cuando adornaron las páginas de innumerables menús de cafeterías, funcionado como telón de fondo de Buena Vista Social Club, y aportado un andamiaje visual para la ficción.


Técnicamente, o en un sentido romántico, la Habana no tiene ruinas reales. Los edificios más viejos de la ciudad datan del siglo XVI y, al igual que esos de los siguientes dos siglos de dominio colonial, han sido meticulosamente restaurados, en parte gracias a un proyecto patrocinado por la UNESCO, que comenzó en 1982. Así que no es la antigüedad lo que lega sus ruinas a La Habana. Pero tampoco son éstas ruinas en el sentido más corriente y triste del término: blancos de la destrucción deliberada, devastadas por disparos o destrozadas por bombas.

Las ruinas más fotografiadas de La Habana son víctimas de un lento abandono, del desvío, a lo largo de 45 años, de recursos hacia proyectos sociales más apremiantes. Se trata de barriadas del siglo XIX de Centro Habana en avanzado estado de abandono, entregadas al gobierno de la fuerza de gravedad; o las mansiones de inicios del siglo XX del Vedado, cuyos jardines las han cubierto. Son también, como las redefine el artista visual Carlos Garaicoa en su enérgica serie Las ruinas del futuro, proyectos inconclusos de casas que se ensamblaron entre sí en los años 70, iniciando un momento de ahínco que nunca se completó; y son las Escuelas de Arte, edificios voluptuosos abruptamente abandonados a mediados de los 60, según ha documentado John Loomis. Las de Garaicoa son ruinas con una inflexión temporal en sí mismas: en lugar de hallar el futuro en el pasado, observan el futuro en pro de completar el pasado, detectando solo un futuro imperfecto, un “serán completadas” que tiende hacia un futuro condenado.

Para iniciar una arqueología de estas ruinas del presente, llamaré a La Habana por otro nombre: Beirut. Este rebautizo no es mío, dado que La Habana es renombrada como Beirut en dos recientes novelas cubanas, haciendo de la capital libanesa tanto una ciudad hermana como un sitio para la distancia crítica. Perversiones en el Prado (1999), de Miguel Mejides, novela ampliamente divulgada que ocurre en un solar de Centro Habana, termina con una vista aérea de la ciudad, con la que se le fosiliza desde lo alto: “Sufrida Habana que había resistido el ataque de sus mismos hijos, ahora convertida en un Beirut caribeño, sus ruinas desinfladas en el grito de la noche.” Y en Contrabando de sombras (2002), de Antonio José Ponte, un fotógrafo español que ha terminado un proyecto en Beirut viene a La Habana a por “imágenes de calles vacías, de edificios apuntalados o convertidos en escombros. Ruinas, en suma. “Las calles de Beirut -comprende el personaje-, devastadas por la guerra, podían perfectamente pertenecer a esa misma ciudad” (22-23).

Beirut tiene ruinas de dos tipos diferentes: esas que le dejó la guerra civil de 1975 a 1990, la cual arrasó el centro de la ciudad y ahora están siendo reconstruidas; y las de cinco antiguas civilizaciones, desde los romanos hasta los otomanos, las cuales el gobierno se afana en promover como atracción turística. Luego, en la resonancia del argot local habanero, los emigrantes sin hogar de la provincial de Oriente se convierten en “los palestinos” en la Habana –los desplazados, los desposeídos-, de ahí que la analogía con Beirut y sus dos clases de ruinas ubica a La Habana dentro de una amplia esfera geopolítica. Ello permite que sus largamente desatendidos edificios sean leídos como ruinas dobles: a un tiempo, como anacronismos filtrados por una perspectiva romántica, y como una escena de guerra. A partir de este doble arruinamiento, o a partir de estos dos tipos de ruinas, emergen intereses contrapuestos en la construcción de La Habana como sitio desmantelado –intereses que corresponden a un mercado global de las imágenes, por un lado, y por otra, y como la obra de Ponte sugiere, a una necesidad más local de visualizar un peligro.

Acerca de la caja del reloj y del tiempo
que se ha ido - Carlos Garaicoa, 1996

Un aprecio nostálgico por los anacronismos –anhelo de un lugar fuera del tiempo que es sorprendido por el presente- es el método empleado por muchas representaciones visuales de La Habana que circulan fuera de Cuba a partir del “boom” cultural de finales de los años 90. El estudio realizado por Ana María Dopico acerca de los libros de fotos publicados en el extranjero advierte la estética común de decadencia, señalando que “en tanto la Habana de los últimos 40 años se desmorona, cambia y desaparece, la fotografía reconstituye sus paisajes en el campo de la visión, diseminando de manera seductora imágenes y sitios reales e inestables” (453). Los espectadores contemplan esta Habana petrificada con algo del sobrecogimiento que Woodward encuentra en los románticos; y si las ruinas debidas a la antigüedad “predicen la caída de imperios”, entonces las de La Habana registran y anticipan simultáneamente el declive de un ideal. Ellas incitan un lamento prematuro y ambivalente por un casi caduco proyecto social cuyo transcurso –ensayado en cada fachada agrietada, en cada ladrillo caído- señalará al menos el final de una era.

Mientras que la fotografía silencia la ciudad, ofreciendo lo que Dopico llama “una sintaxis visual seductora que debe reemplazar las voces de aquellos a quienes representa”, la ficción y las películas animan las fachadas desmoronadas de la Habana y las reforman –y con ella, a Cuba misma- como lugar habitado y vivo. Esta afirmación de vida dentro de la muerte ha creado un mercado para representaciones ruinosas en la ficción: de ahí el éxito del escritor Pedro Juan Gutiérrez, cuyas cinco novelas del “Ciclo de Centro Habana” han sido publicadas en veinte países. Las ruinas de sus novelas son a un tiempo arquitectónicas y espirituales –su protagonista está “arruinado”, “echado a perder” y “destrozado”, al igual que el edificio que habita; pero, en desafío a su propio estado de muerte, el edificio está superpoblado, sus pisos se tuercen bajo el peso de la vida y sus paredes resuenan con el frenesí de los encuentros sexuales, que son la única manera de pasar el tiempo. Buena Vista Social Club es, también, esencialmente una narrativa de sobrevivencia entre las ruinas, de estos nonagenarios músicos que han resistido décadas de anonimato para resucitar los sonidos del período prerrevolucionario. Su éxito es debido, en parte, como ha dicho Michael Chanan, a la imagen “de una Cuba del presente que preserva vestigios de un tiempo ido” (152) en cualquier otra parte. Esta estética de lo-vivido-en-ruinas, cuyos habitantes cuentan sus historias y defienden una vitalidad contra la decadencia, habla a la nostalgia y especulación mórbida de los extranjeros aficionados a Cuba. Nostalgia por un ideal mortecino que es atemperado por un ojo curioso hacia el futuro; nostalgia por el hedonismo de la década de 1950, que la industria turística ahora promete revivir; y nostalgia por un lugar protegido de la fiebre de la globalización, pero que incluye una alegría paradójicamente voyeurística en el punto de encuentro con el capital extranjero.

Esta concepción romántica de las ruinas –ruinas que glorifican el pasado prerrevolucionario y prefiguran el decaimiento del actual orden- satisface el interés de los extranjeros y sus nostalgias más que las de esos habitantes de La Habana; y la industria turística oficial ha sido renuente a capitalizarla, dirigiendo a los visitantes, en cambio, hacia los monumentos restaurados de la ciudad vieja y a los recién abiertos hoteles de la costa. Pero ello no excluye una complicidad doméstica en esta estética ruinosa de La Habana –la misma que implica el desplazamiento figurativo que hacen los escritores antes citados de las ruinas de segunda clase del Beirut destruido por la guerra.

En 1994, la artista Tania Bruguera distribuyó a través de una red de conocidos los primeros ejemplares de su panfleto “Memoria de la posguerra”. El panfleto invitaba a sus lectores a registrar sus reflexiones acerca del Período especial, el período post soviético de severa crisis económica. La guerra en su título es, obviamente, la Guerra Fría –pero el paisaje que Bruguera invoca es uno más fértil, que podría ser leído, sobre el curso de la década, como el emplazamiento de otras guerras imaginarias. La Beirut semejante a La Habana de Mejides merece la analogía precisamente porque, sugiere él, es la escena de una guerra civil -“sufrida Habana, que había resistido el ataque de sus mismos hijos” –, pese a que no existen en la memoria reciente ataques militares a gran escala, y no es una lucha armada, sino la negligencia, lo que ha causado la devastación de la ciudad.
 
  
Entonces, ¿dónde y cuándo podemos localizar la guerra civil en La Habana, la agresión a manos de sus propios hijos? La obra de Antonio José Ponte ofrece una exploración más matizada de esta guerra imaginada. En su ensayo La viga maestra, el tiempo, publicado como ¿Por qué estoy aquí? en la colección de foto-ensayos de Terri McCoy Cuba on the Verge, sugiere que cada período revolucionario “intenta abrir en el Tiempo una brecha insalvable, y ese ataque a la fortaleza de lo temporal muy pronto pasa a ser encastillamiento propio”. Como consecuencia, con el fin de conservar su pasado, tales proyectos mantienen su entorno físico en estado de ruina. En un posterior ensayo acerca de la modelización idealista de La Habana, Ponte sugiere que las escenas de destrucción de la ciudad sirven a un propósito hondamente ideológico: proveen espejismos de batallas, utilizados políticamente como recordatorios de la guerra que no sobrevino a la Crisis de Octubre de 1962. Escribe Ponte: “Ry Cooder definió que, con la música del álbum Buena Vista Social Club, intentó recrear el sonido de una orquesta cubana de los años sesenta que nunca había existido. Practicante de una nostalgia aún más poderosa, el gobierno cubano ha conseguido convertir a La Habana en el sitio de un ataque esperado en los años sesenta que no tuvo lugar nunca” (256).

Desde esta lectura, las ruinas de la ciudad representan la memoria y, simultáneamente, el temor a una guerra estructurada a través del tiempo: las amenaza de invasión estadounidense de la Crisis de los Misiles de 1962, una pasada guerra jamás materializada; el presente y continuo ataque que implica el bloqueo; y el conflicto a gran escala con el enemigo imperialista, de proporciones inimaginables, que siempre parece inminente. Esta estudiada conservación de una devastación bélica es consistente con la retórica de militarización que ha permeado el discurso público cubano desde las tempranas batallas contra el vicio y el analfabetismo hasta el presente “período especial en tiempos de paz”. Una escena de Contrabando de sombras perpetúa está analogía alterada que se establece entre las ruinas y la ilusión de guerra. El fotógrafo español de la novela se deleita tanto en La Habana como en Beirut precisamente debido a su devastación: “en medio de la guerra, por la época en que todo resultaba más decrépito, le había llegado la sensación de pertenencia a un sitio. Y nunca más volvería a encontrar sabor en lo intacto”.

Es este aspecto encubierto de construir ruinas –debido a un interés que no revela su complicidad con los estragos del tiempo- el que Ponte atienden en su cuento Un arte de hacer ruinas. El título ya sugiere que las ruinas no han surgido simplemente, sino que han sido hechas, o incluso fabricadas; la historia culpa implícitamente a esos que podrían ver las ruinas habaneras nostálgica o heroicamente a través de la perpetuación de una estética con mala fe. Como se lamenta Ponte en ¿Por qué estoy aquí?, “la contemplación estética de la vida habanera suele pasar por alto que sus ruinas están habitadas.” Como si desafiara tal ignorancia, Un arte de hacer ruinas tiene por escenario una Habana afligida por dos problemas urbanos contemporáneos, la sobrepoblación y el derrumbe frecuente de sus edificios, y refiere la historia de un estudiante intentando escribir su tesis acerca de la creación de espacio donde este no existe.

Amenazado por la “tugurización” (“la capacidad que tiene una ciudad superpoblada para hacer espacios dentro del espacio urbanizado”, Rodríguez 184) y sostenido por “la estática milagrosa” (30) (término arquitectónico para los edificios que se mantienen en pie pese a que los cálculos estructurales podrían indicar lo contrario), La Habana es “una ciudad… que crece hacia adentro” (25). Y todavía hay una ciudad creciendo hacia abajo: tal y como el estudiante descubre, es un nivel extremo de práctica clandestina de la “tugurización” lo que determina el milagro estructural de la ciudad. Al final de la historia, el estudiante tropieza con una extraña ciudad subterránea: debajo de La Habana, una replica parásita ha sido reconstruida con materiales robados de arriba, ciudad ésta que perpetúa la ilusión de una estructura perdurable, cuando de hecho la crea de una manera aún más precaria. Esta ciudad es Tuguria, “donde todo se conserva como en la memoria” (39), pero la memoria a cuyo servicio la ciudad bajo tierra ha sido arruinada es precisamente el problema. Ya que las ruinas son reverenciadas en nombre de una nostalgia idealista o de la intimidación, sugiere el relato, su atractivo visual es permitido para eclipsar el sufrimiento humano que es su más inmediato contenido.


La obra de Ponte expone los abusos de las ruinas de La Habana, y sugiere una relación perturbadora entre las ruinas y los intereses globales y locales. Desplazar La Habana hacia Beirut, como Ponte y Mejides hacen, es inducir un choque de valores similar al que provoca el fotomontaje de Arturo Cuenca de la esquina de Tejas de Miami, titulado “Esto no es La Habana”. El mensaje implícito es “La Habana no es Beirut”, y representa una acusación contra las fuerzas tanto locales como foráneas que necesitan una ciudad que permanezca en ruinas. Estas ruinas particulares del presente, entonces, son una llamada a la acción; y su restauración, según la entiendo, equivale a su repolitización. La repolitización de las ruinas es, necesariamente, una práctica diferente en diferentes contextos: para Teotihuacan pudiera significar defender el patrimonio artístico contra el consumismo fácil y la homogeneidad arquitectónica. Para La Habana, cuyas imágenes circulan en los mercados globales, de los cuales se ha protegido su infraestructura económica, el movimiento opuesto es quizás más adecuado: la repulsa a ver belleza en las ruinas, una sospecha sobre su estatus en tanto que arte. Pero en ambos contextos, la restauración conlleva cuestionar los intereses ideológicos que podrían apropiarse de la ruina, ya sea relegándola a las sombras de un gigante económico como WalMart, o haciéndola pervivir como ilusión perdida y batalla a ser ganada.

*Esther Whitfield é professora na Brown University, Rhode Island, EUA.
Versão em Espanhol: Dean Luis Reyes
Fonte: Escuela Internacional de Cine Y Televisión, La Habana
(Fotos: no-more.com, pilot of a project to photograph, catalog, map, and visually assess, Havana buildings).

23 abril 2010

Gondwana - o Paraná e a Namíbia no filme "Maack, profeta pé na estrada"


Release TV Cultura, SP, 30.08.07
25º Programa da Série DOCTV III


Cenários brasileiros e africanos - cerca de oito décadas após a passagem do pesquisador alemão - estão nessa biografia do pioneiro nas preocupações ambientais

Já em 1920, um geólogo denunciava a devastação ambiental no Paraná e registrava, em 16 mm, as paisagens do norte do estado antes da chegada da cultura do café. A biografia deste homem, Reinhard Maack, é o tema do 25º programa da Série DOCTV III, que vai ao ar neste domingo, dia 2 de setembro, às 23h, pela Rede Pública de Televisão.

Ao contrário da maioria dos documentários, Maack, o Profeta Pé na Estrada não nasceu da admiração da equipe de produção pelo personagem. “A idéia foi fazer um filme sobre um personagem apesar de profundas discordâncias com seus valores ideológicos e morais. Maak foi soldado do Kaiser na África. Mas o documentário resgata suas virtudes, e isto foi para mim uma autodeterminada lição de tolerância e respeito pelo 'outro' e suas diferenças”, afirma o diretor Frederico Füllgraf que, assim como Maak, tem origem alemã e radicou-se no Brasil.


“Maak foi visionário em sua capacidade de pressentir e alertar sobre a devastação ambiental aqui no Sul do Brasil”, afirma Füllgraf. Ele conta que o vídeo alia a biografia de Reinhard Maak a referências ao seu pioneirismo científico. Entre as virtudes do pesquisador - cartógrafo, geógrafo, geólogo, paleontólogo e engenheiro de minas -, que também foi professor da Universidade Federal do Paraná (UFPR), o diretor ressalta o pioneirismo, a competência e o visionarismo.


“Descobri, através de seus diários, africanos e brasileiros, inéditos, um Maack não apenas ungido de sua aura de geógrafo e geólogo, mas surpreendentemente poético. Para o roteiro do filme eu traduzi um fragmento dos diários e criei aquela cena ao pé da fogueira, onde vemos Maack descrevendo uma noite às margens do Rio Tibagi, no Paraná, onde há cativante sensibilidade, rara numa cabeça apenas técnica”, avalia.


Durante os trechos do documentário gravados na Namíbia, o diretor e roteirista assumiu também a captação das imagens e a direção de fotografia, para garantir que a viagem coubesse no orçamento - R$ 100 mil em recursos do Programa DOCTV. Depois de sua estréia televisiva, o filme já tem uma agenda de projeções especiais para a comunidade científica, sobretudo para geógrafos e naturalistas de todo o país, informa Frederico Füllgraf.


Ficha Técnica
Maack, o Profeta Pé na Estrada - Brasil / 2007, 52 minutos

Direção: Frederico Füllgraf


Co-produção: Frederico Füllgraf / Eloah Produções / Paraná Educativa / Fundação Padre Anchieta-TV Cultura de SP

O trailer

http://www.youtube.com/watch?v=gBWU12_4QY8&feature=related


Leia entrevista com Frederico Füllgraf

"Filme mostra contribuições de Maack à Geografia e Geologia"
 MINEROPAR
www.mineropar.pr.gov.br/modules/noticias/print.php?storyid=540

EM BREVE: compre aqui seu DVD

13 abril 2010

Frederico Füllgraf - O Angelus Novus de Walter Benjamin

Angelus Novus - Paul Klee, 1920

Walter Benjamin

Es gibt ein Bild von Paul Klee, das Angelus Novus heißt. Ein Engel ist darauf dargestellt, der aussieht, als wäre er im Begriff, sich von etwas zu entfernen, worauf er starrt. Seine Augen sind aufgerissen, sein Mund steht offen und seine Flügel sind ausgespannt.


Der Engel der Geschichte muß so aussehen. Er hat das Antlitz der Vergangenheit zugewendet. Wo eine Kette von Begebenheiten vor uns erscheint, da sieht er eine einzige Katastrophe, die unablässig Trümmer auf Trümmer häuft und sie ihm vor die Füße schleudert. Er möchte wohl verweilen, die Toten wecken und das Zerschlagene zusammenfügen. Aber ein Sturm weht vom Paradiese her, der sich in seinen Flügeln verfangen hat und so stark ist, daß der Engel sie nicht mehr schließen kann.  Der Sturm treibt ihn unaufhaltsam in die Zukunft, der er den Rücken kehrt, während der Trümmerhaufen vor ihm zum Himmel wächst. Das, was wir Fortschritt nennen, ist dieser Sturm.


Português


trad. F.Füllgraf


Há um quadro de Paul Klee, chamado Angelus Novus. Ele reproduz a imagem de um anjo com a expressão de quem parece afastar-se de alguma coisa fixada por seu olhar. Seus olhos estão arregalados, sua boca,escancarada, suas asas, abertas. 
No meu entendimento, esta deve ser a forma de olhar do anjo da história: seu rosto está voltado para o passado. Lá, onde nós enxergamos apenas um encadeamento de eventos, ele percebe uma só hecatombe, que amontoa destroços sobre destroços, arremessados a seus pés.
Presumo que o anjo gostaria de demorar-se, despertar os mortos, e refazer todo o que foi destruído. Mas uma tempestade sopra do Paraíso, emaranhando-se em suas asas. E ela é tão intensa, que o anjo não consegue mais fechar suas asas. Essa tempestade o projeta inapelavelmente ao futuro, ao qual está dando as costas, enquanto o amontoado de ruínas cresce diante dele, em direção ao céu. Pois, o que chamamos de progresso, é esta tempestade. 
Walter Benjamin 1940, "Sobre o Conceito de História", Gesammelte Schriften I, 691-704. Suhrkamp Verlag, Frankfurt am Main, 1974.
Sobre o conceito da História - Walter Benjamin
Tradução de Sérgio Paulo Rouanet
www.scribd.com/doc/4061764/Sobre-o-conceito-da-Historia-Walter-Benjamin

(Fotos: Cambray/França, 1940, Dresden, 1945 - Bundesarchiv)